Los gavilanes, en el Teatro Colón

No me gustó la versión escénica de Los gavilanes de Ignacio García.

Ha pasado bastante tiempo desde que fui a ver la función inaugural, el sábado 29 de septiembre de 2018, en el Teatro Colón, y tal vez lo mejor sería no escribir ya nada sobre ella.

Quiero, sin embargo, tener algo con lo que poder recordarla más adelante, y que no me suceda lo que me ha sucedido con otras zarzuelas que vi y dejé pasar el tiempo y nunca incluí en la bitácora, y de las que ahora me cuesta incluso recordar el año en que las presentaron.

Antes de Los gavilanes, yo había ido a otras dos zarzuelas, también en el Teatro Colón, que tuvieron la dirección escénica de Ignacio García: Black, el payaso y Cecilia Valdés. De la primera escribí en el blog. De la segunda, dejé pasar el tiempo y finalmente no escribí, de lo que ahora me arrepiento.

Ambas me gustaron bastante. Se trataba de zarzuelas que nunca había visto antes, y aunque fue evidente que los libretos habían sido severamente cortados, el resultado me pareció interesante y el argumento de cada obra siempre se mantuvo inteligible.

En ambas ocasiones, además, fue claro que la apuesta del director era la de ajustar la duración de la zarzuela a menos de dos horas, presentándola ágilmente sin necesidad de intermedio, y sin sacrificar ningún número musical. Con ello, supongo, quiere hacer asequible la zarzuela a un público acostumbrado a la duración habitual de las películas de cine.

Los gavilanes, sin embargo, no es una zarzuela cuya duración se pueda reducir fácilmente a menos de dos horas, sin sacrificar en ello aspectos muy importantes, y además muy conocidos, de su trama.

En efecto. En Los gavilanes, las partes actuadas no solo son supremamente importantes para la comprensión de la trama, sobre todo en relación con el carácter repetido o similar de los infortunios pasados de Adriana y presentes de Rosaura; sino que también son muy bien conocidas, en especial las que corren a cargo de Clariván, que es, en mi opinión, uno de los mejores y más completos personajes cómicos que existe en la zarzuela.

Por ello, cuando vi que este personaje lo interpretaría Karoll Márquez, un famoso pero no muy afortunado actor colombiano de telenovelas, me vaticinaba una gran decepción con las escenas cómicas, que pensaba no iban a ser bien interpretadas.

Desafortunadamente, la decepción fue mucho mayor porque del libreto original no dejaron ninguna de las conocidas partes cómicas que tiene la zarzuela. Y el personaje de Clariván fue reducido al papel de un simple cántate bastante menor, que vocalmente fue interpretado bien por Karoll Márquez.

Clariván fue incluso despojado de una escena que es fundamental en esta zarzuela: aquella en que cuenta los avatares de su fallida proposición amorosa a una joven a la cual le doblaba la edad, y en la que aprovecha la ocasión para enviarle indirectas a Juan y a su proyecto de casarse con Rosaura.

Esta escena es trocada por el audio de una carta que recibe Juan de un supuesto tío o algo así, y que simula leer en escena, ahora no recuerdo bien si antes o después de cantar el conocido “No importa que al amor mío se oponga todo el mundo entero”.

La importancia de esta escena, que es a la vez cómica y dramática, está en que Clariván es un personaje que conoce muy bien a todos los otros personajes de la zarzuela, en especial a Juan y Adriana, a quienes conoce desde que eran unos niños.

Es por ello que tiene verdadero peso la advertencia que más adelante da a Juan, en el sentido de ser libre de volver o no a querer a Adriana, pero que utilizar su dinero para obligar a Rosaura a casarse con él, es, sencillamente, una canallada.

Todo esto sencillamente no puede resultar de lo escrito en una carta por un supuesto tío que en ningún momento vemos en escena, lo cual no tiene en realidad ninguna trascendencia, y mucho menos una que pueda dar pie al ya mencionado “No importa…” de Juan.

Pero bueno. Desde el punto de vista musical, la producción fue bastante buena. No solo interpretaron muy bien todos los números musicales, sino que incluso me pareció que utilizaron mas veces de las que es habitual, los temas “Palomita, palomita, cuidado con el Pichón” y “Soy mozo y enamorado”.

Sin embargo, Carlos Cárdenas, quien interpretó a Gustavo, tiene una voz de menor volumen que la de los otros solistas, por lo que estos temas, así como la conocida “Flor Roja”, no tuvieron en realidad el efecto que normalmente tienen.

Me sorprendió gratamente Nancy Rodríguez, quien dio vida a una cándida pero muy enamorada Rosaura. Y los españoles César Marín y Cristina Faus interpretaron muy bien los papeles de Juan y Adriana, que se nota dominan y conocen bastante bien.

La Sinfónica de Colombia, bajo la dirección de Alejandro Roca, y el Coro de la Ópera, como es habitual, también estuvieron muy bien.

En conclusión. Creo que fue un error recortar tanto el libreto de una zarzuela tan conocida como lo es Los gavilanes, y que es además habitual en el repertorio nacional. Creo que Ignacio García debió hacer una versión escénica mucho más completa de esta zarzuela, así tuviese necesidad de dar un intermedio, y en la cual pudiéramos apreciar, sino todas, por los menos las más importantes partes actuadas, con actuaciones de excelente calidad. Y, que si el propósito es montar zarzuelas cortas de un solo acto, que por favor considere alguna del género chico, como La verbena de la paloma o La revoltosa, o, con unos buenos actores, Agua, azucarillos y aguardiente, la cuales me me encantaría poder ver en vivo y en directo.

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