Mi querido Mijael, de Amos Oz

Este libro lo compré hace muchos años, con el propósito de ser el primero que leía de este autor que suena todos los años como uno de los favoritos para recibir el premio nobel.

Sin embargo, terminé leyendo primero La caja negra, y más recientemente leí también su más reciente novela Judas, todo ello antes de que por fin le llegara el turno a este libro que envejecía, no muy bien, en mi biblioteca.

(En las hojas le salieron pequeñas manchitas amarillas, dando la impresión de ser un libro mucho mas viejo de lo que es, o de haber pasado tiempo en tierra caliente, lo que tampoco es el caso. Creo que la calidad del papel que utilizaron para esta edición no fue muy buena.)

Mi querido Mijael es una especie de escrito íntimo que Jana, narradora en primera persona, le escribe a su marido, Mijael, y en el que relata su percepción de lo que fue su vida en pareja y devela las razones del desvanecimiento de su matrimonio.

Según el inicio del libro, Jana escribe porque las personas que amaba han muerto y porque no quiere perder la capacidad de amar. Este propósito, sin embargo, no lo sentí en el trascurso del libro, en el que, en mi opinión, lo que se percibe es que Jana está desencantada del amor de Mijael desde el inicio mismo de su relación, y que en ningún momento hay esperanza para ese amor o para otro distinto.

Jana, nos dice la pequeña reseña que viene en la contra portada del libro, es una moderna madame Bovary. Y estoy de acuerdo. Igual que me sucedió con Emma, termine teniendo la impresión de que Jana es una mujer que no sabe qué es lo que quiere en la vida, que está atrapada en contradicciones, que se engaña a sí misma. Es, por ejemplo, una mujer que no ama ni a su esposo ni a su hijo, pero que se resiente de que ellos no la amen de vuelta y de que la excluyan de su relación paternofilial.

Ahora bien. Al ser Mi querido Mijael un libro escrito en primera persona, la presentación que se hace de Jana es mucho más íntima que la de Emma en Madame Bovary. Ello hizo que sintiera más simpatía por Jana que por Emma. Mientras Emma me pareció una hipócrita, a Jana la percibí un poco como una mujer atormentada y confundida.

De lo que entendí de un artículo que leí en la web, me parece que se puede desprender que las escenas con los gemelos árabes y su alter ego Yvonne Azulay, suceden únicamente en la imaginación de Jana, exacerbada por su afición a los libros de Julio Verne y Stefan Zweig.

Yo lo que sentí fue que estas fantasías estaban relacionadas con un episodio de abuso sexual real, perpetrado por los gemelos en la infancia de Jana, y que la marcó profundamente y la tornó en esa mujer insegura y lejana. Atractiva e inquieta, pero fría y desapasionada.

En este sentido, el papel de los gemelos, que en mi lectura son, por lo menos al inicio, personas reales, es mucho más importante y compleja que el de personajes indiscutiblemente reales como el joven poeta, que hace aquí el papel de León. Y en el final, que no terminé de entender, esta complejidad de los gemelos se incrementa de forma importante.

Otra cosa que me llamó la atención del libro fue la sensación que da de pasar mucho tiempo en él. Sin embargo, no son tanto años en realidad.

Creo que mi confusión se dio porque, a pesar de la claridad con que empieza el libro, donde cuenta que es una mujer de 30 años, casada con un marido al que ya no ama, que conoció hace 10, dando a entender que todo el libro lo escribe en ese preciso momento “presente”; yo sentí que se trataba mas bien de un diario, escrito en momentos diferentes, posiblemente distantes entre sí, puesto que se notan cambios grandes, no solo en los estados de ánimo de la Jana narradora, sino también en el hilo narrativo, en el que en muchas ocasiones repite las misma cosas, como si hubiera olvidado lo ya escrito.

En cualquier caso, lo mejor del libro es el estilo de Oz, que logra una belleza en verdad conmovedora a través del uso de una voz narrativa femenina. No deja de ser curioso, sin embargo, que Jana fuese una mujer que de niña “tenía la esperanza de llegar a ser un hombre de mayor, y no una mujer”. Lo que, creo, puede tener significado. Tal vez a Jana le hubiese ido mejor enamorándose de otra mujer, y no compartiendo su vida con un hombre como Mijael.

Por último. Una de las cosas que he visto que más se destaca de esta novela es la importancia en ella de la ciudad de Jerusalem. A mí me pareció que las partes dedicadas a la ciudad fueron muy bonitas, pero no sentí que Jerusalem jugara un papel particularmente especial en la novela, más allá de las recriminaciones que le hacía Mijael a Jana por ser jerosolimitana.

Pues bien. La conclusión respecto de Mi querido Mijael va por el lado de que es un muy bello libro que no terminé de entender del todo bien. Al no ser tan largo, creo que habrá oportunidad de una segunda lectura.


Mi querido Mijael

Barcelona: Random House Mondari, 2006.

Traducción de Raquel García Lozano.

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