Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra

Esta es la tercera vez que leo el Quijote de un solo mandado de principio a fin. Fue, sin embargo, la primera vez que lo leí en la edición de cuatro tomos de la colección Los clásicos que sacó la editorial Jackson en los años setenta, y de la que tan solo había leído algunos pocos capítulos, aquellos que son en realidad mis favoritos y que leo a veces de vez en cuando.

Es una edición muy bonita, elaborada con materiales de buena calidad, con un muy buen tamaño de letra, y que incluye además una cantidad importante de ilustraciones, todas en blanco y negro, que resultan interesantes. Es, sin embargo, una edición en la que se encuentran muchas más erratas de las que considero aceptables, y en la cual, además, habiendo leído la edición del IV centenario, se echa de menos también una que otra aclaración o anotación a pie de página.

Ahora bien. De la lectura realizada la impresión que me quedó, nuevamente, como ha sido siempre hasta ahora, es que el estilo de Cervantes es extraordinario, es el mejor que he leído en mi vida, y el que más me ha gustado. La historia, o historias que se nos cuentan en el Quijote, por el contrario, no son todas ellas tan extraordinarias, y algunas, en algunas ocasiones, pueden resultar un poco aburridas y no del todo bien articuladas.

Hay que empezar diciendo que el Quijote se compone de dos libros independientes, escritos y publicados en momentos históricos y circunstanciales diferentes, y entre los cuales existen, creo, muchas diferencias.

De entre estos dos libros, siempre me ha gustado más el primero que el segundo. Y si bien varios capítulos de la segunda parte están entre mis favoritos, la razón de esa preferencia general por la primera está en que, en ella, la locura de don Quijote es tratada de una forma mas natural, a través de la interacción con personajes que, si bien se burlan de él y de Sancho, lo hacen normalmente como respuesta a locos exabruptos de don Quijote, y, en la mayoría de los casos, mostrando ellos a su vez profundos conocimientos de los libros de caballería.

Esto, creo, excusa en cierta medida las bromas y los palos, y en ocasiones logra dar la impresión de no ser sino la lógica consecuencia de cuando unos locos se burlan de otro loco que se cree caballero andante, y de lo cual están aquellos dispuestos a seguirle la corriente.

En la segunda parte, por el contrario, las bromas a las que intencionalmente someten a los ya famosos don Quijote y Sancho resultan en ocasiones de mal gusto. Y los Duques son, sencillamente, unos personajes indignos de tratar con la nobleza de nuestro querido caballero. Esto le da a la segunda parte un desagradable tono de acoso social, en el que se nos muestra a unos ricos que disfrutan a costas de las burlas hechas a un supuesto tonto. Esto nunca me ha gustado.

Ahora bien. Lo mejor de la segunda parte son sin duda los coloquios entre don Quijote y Sancho, y entre ellos el mejor de todos es el de los consejos que dio don Quijote a Sancho antes de que fuese a gobernar la Ínsula Barataria.

En la primera parte hay también muy buenos coloquios. Mi preferido es el del capítulo XX en el que don Quijote le dice a Sancho: “Paréceme, Sancho, que tienes mucho miedo.” Sin embargo, la inclusión que hace Cervantes de esas otras historias que interrumpen de forma importante la de don Quijote y Sancho, y que dan a libro una interesante estructura, me parece que hace que estos coloquios pasen un poco a un segundo plano.

Sobre el estilo de Cervantes me gusta el humor, irónico e inteligente, que maneja, Y, aunque no sabía cuál era el nombre técnico de eso hasta hace poco que lo busqué en Internet, siempre me ha parecido extraordinario el uso exquisito que hace de las elipsis, con todo tipo de palabras, situaciones y propósitos.

Estas astutas omisiones, que, según, son frecuentes en cualquier texto del Siglo de Oro, es de lo que más me gusta del estilo de Cervantes, porque, en mi opinión, la forma como las utiliza demuestra la gran inteligencia del autor en el uso del lenguaje. Pero también, creo, deja ver el buen concepto que este tenía de sus lectores y de su capacidad de disfrutar desentrañando textos de relativa complejidad.

Hay muchas otras cosas que me gustan del Quijote. Sin embargo, quedaran para próximas entradas, de lo que seguro habrá oportunidad, no solo con ocasión de alguna futura relectura, sino porque a lo largo de los últimos años he ido comprando mucha bibliografía sobre Cervantes y el Quijote, la cual pienso empezar a leer de manera mas o menos juiciosa ahora que lo he releído una vez más.


El Quijote

México D.F.: W.M. Jackson, INC. Editores. 1972. (4 Tomos)

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