La máscara de Ripley, de Patricia Highsmith

El segundo libro de Tom Ripley no me gustó. Si bien el ambiente de las galerías de arte resulta más que adecuado para que Ripley explote económicamente sus aptitudes para la suplantación y el asesinato, creo que esta novela está lejos de lograr estructurar una trama interesante en la cual desarrollar sus personajes.

El fracaso de la trama, en mi opinión, se da por lo menos en dos niveles, ambos igual de importantes para mí.

Por una parte, en la vinculación de Ripley y algunos otros personajes con la historia del libro anterior, en particular con el asesinato de Dickie Greenleaf. Por ejemplo, en esta novela nos encontramos con la aparición de un primo de Dickie, la cual sucede absolutamente sin ninguna razón ni propósito, y lo que es peor, sin venir siquiera a prestar servicio alguno respecto de la historia propiamente dicha de esta novela. Tan insulso es el papel de este personaje, que obliga a preguntarse si es que reaparecerá en las próximas novelas con más importancia y si esto de aquí fue simplemente su presentación.

También, creo, le hubiese sentado bien a esta novela que algún personaje de la novela anterior apareciese por allí. Obviamente, la primera que se le viene a uno a la cabeza es Marge Sherwood, la cual hubiese podido hacer un buen equipo con la señora Murchinson.

Por otra parte, la trama de la novela también fracasa en cuanto ella misma, porque aspectos que se prestaban para giros inesperados o sorprendentes, quedaron sencillamente ahí, como algo meramente anecdótico. El cuento del color purpura en las pinturas, creo que daba para muchas opciones, como que Philip Derwatt estaba vivo en realidad o que había un falsificador del falsificador, pero terminó siendo simplemente un lamentable, involuntario e inexcusable error por parte de Bernard Tufts.

Bernard, fue también, una de las grandes decepciones de la novela. Es un personaje ambiguo, al que Ripley le da muchísima importancia, sin embargo, no termina uno de entender por qué, si era que le gustaba o que. Y esta extraña relación se lleva al extremo de lo absurdo en Salzburgo, ciudad que se introduce en la novela por una referencia a Mozart que sencillamente no funciona, cuando Ripley lo somete a un acoso ridículo.

Por su parte, el personaje de Heloise sí me gustó. Pensé que iba a ser muy interesante, en su propia perversidad, pero no fue así. Hay que reconocer que el mariquismo de Ripley disminuyó bastante en esta novela. Aunque la relación con Heloise no es necesariamente sexual, o por lo menos no es esto lo que creo que predomina, sino la suficiente amoralidad en cada individuo como para dejar crecer la confianza entre ellos.

Por último, lo que menos me gusto de la novela fue el tipo de final abierto que tiene, de un Ripley contestando el teléfono temeroso de que lo descubrieran. Lo cual es apenas obvio dado el grado de mitomanía de Ripley, que le lleva a confiar en las explicaciones más elaborada. Pero bueno. Supongo que en la siguiente novela, El amigo americano, nos enteraremos de la manera como finalmente supero estas cuestiones, o no.

En conclusión, la novela no me gustó. Debo agregar que la leí sin la injerencia de haber visto antes la película, que es la más reciente de la realizadas sobre estas novelas, pero al mismo tiempo me parece que es la de casting más modesto.


Ripley

Barcelona: Editorial Anagrama, 2009.

Traducción de Jordi Beltrán.

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