El ruido de las cosas al caer, de Juan Gabriel Vásquez

Hay algo en el estilo narrativo de Juan Gabriel Vásquez que me gusta mucho. Me parece que es de muy buen gusto, estéticamente muy bien logrado, pero al mismo tiempo cercano, como el de alguien conocido. Es, sin lugar a dudas, uno de mis escritores favoritos.

El ruido de las cosas al caer, premio Alfaguara de novela 2011, me pareció una novela escrita con el propósito de saldar cuentas con el pasado violento de nuestro país, en particular con la violencia producto de la guerra contra los carteles de la droga en los años ochenta, y que afectó a toda una generación de colombianos.

Antonio Yammara y Maya, así como el mismo Juan Gabriel Vásquez, pertenecen a dicha generación. A diferencia de Aura, que por edad y por haber vivido fuera del país durante su niñez, no padeció dicha violencia. Esto explica, creo, el rápido grado de intimidad que surge entre Antonio y Maya, así como el paulatino distanciamiento entre Antonio y Aura.

El libro tiene algo que no me había gustado de su novela Historia secreta de Costaguana, y es que si bien empieza el relato en el 2009, cuando la noticia de la caza del hipopótamo de Pablo Escobar le hace acordarse de Ricardo Laverde, termina en 1999, cuando luego de visitar a Maya regresa a su casa desolada.

¿Qué paso después? ¿Llamó o no llamó Aura? ¿Volvieron o se separaron definitivamente? Pero más importante todavía, ¿Era necesario esa clase de final?

Luego de leer las últimas páginas de la novela, releí rápidamente las primeras tratando de ver si hallaba allí alguna respuesta a estas preguntas. La impresión que me dio es que existe una semejanza entre el hipopótamo muerto con “su pareja y su cría” extraviadas, y Antonio Yammara abandonado por su mujer y su pequeña hija.

Ahora. Lo mejor de la novela fue la historia de Ricardo Laverde, la cual creo que era posible narrar directamente sin necesidad de la intervención de Antonio Yammara, cuyos dotes investigativos no son para nada sorprendentes.

La historia de Ricardo Laverde, y de su esposa Elaine Pifft, que le es contada a Antonio por Maya, la hija de aquellos, es extraordinaria, sobre todo por esa pequeña diferencia que menciona Elaine de que en esa época todos eran unos inocentes, aunque no fuesen inocentes. Cometían delitos, pero sin malicia.

Por último, aunque es poco importante, está el tema de quien mató a Ricardo Laverde. Creo que una posibilidad es que haya sido la hija. En cualquier caso, en este punto es mucho más interesante la idea que tenemos los colombianos de que si matan a alguien es porque algo hizo.

En conclusión. Una muy buena novela.


El ruido de las cosas al caer

Bogotá: Alfaguara, 2016.

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