Cartagena, de Claudia Amengual

En mi caso, Cartagena de Claudia Amengual, sería una de esas novelas que se compran sencillamente por el título. Y aunque puede decirse que así fue, por cuanto de esta escritora uruguaya no sabía absolutamente nada, sí había visto que esta novela estuvo en la fase final del Premio Herralde de Novela 2014, lo que no deja de ser una muy buena referencia, por lo que en realidad era un libro del que estaba pendiente de su llegada a las librerías.

La compré, creo, a finales del 2015, y luego de pasar por las manos de algún familiar, a quien le interesó también principalmente por el título, y a quien no le gustó tanto, aunque le pareció entretenida, la tenía ahí esperando por una no muy cercana lectura.

Luego de leer Cien años de soledad, sin embargo, me acordé de esta novela, por ser García Márquez un personaje de ella.

La he leído en pocos días, resultó mucho más corta de lo que esperaba, y aunque hay cierta genialidad en la idea de un personaje absorto hasta la locura en la obra de García Márquez, que encarna sucesivamente a distintos personajes creados por este, la novela como tal me ha parecido bastante regular.

La historia principal de la novela es la de una segunda oportunidad para el amor, 30 años después de su traición, para un periodista uruguayo sesentón con una cartagenera algunos años más joven que él, en Cartagena.

La historia de por sí no es mala, pero la forma de contarla no me gustó. De esta, lo que menos me gustó fue el cambio que hubo, recuerdo que por lo menos en una ocasión, del narrador habitual en tercera persona, a uno más íntimo, especie de conciencia, que se dirige directamente a su personaje principal en segunda persona.

Esto obviamente se hizo con el propósito de mostrar lo que pasaba en el interior de la cabeza de su personaje, de una forma más dramática. Pero no dio resultado. Este cambio de estilo me pareció aburrido y falso.

Hubo también otras pequeñas cositas de estilo, que al lector colombiano, para no decir cartagenero, la han de parecer por necesidad extrañas o falsas, como por ejemplo el escribir m’hijita, en vez de mijita. Ay, mijita. Los modismos costeños se presentan estilizados, como para lectores extranjeros.

En esta misma línea, otro aspecto que tampoco me gustó de la novela fue el de la Cartagena que presenta, la turística. Esto de por sí no es malo. La escena de las islas del Rosario, por ejemplo, me gustó. Pero llevar la cosa hasta el extremo de hacer de Pedro Ángel Pastor una especie de fantasma de la ópera, únicamente para tener la oportunidad de describir el Teatro Heredia, le dio un tinte a la novela que no me gustó, haciéndola más parecida a la literatura de viajes. Por el título y la carátula, además, da la impresión de ser eso precisamente.

Respecto del personaje de Pedro Ángel Pastor, en el que, como dije, hay cierta genialidad que no se termina de concretar en la novela, creo que lo importante es la idea de que cualquiera de nosotros puede, en realidad, ser o haber sido un personaje de una de las novelas de García Márquez. Pedro Ángel lo era, antes de volverse loco, cuando se dedicaba a escribir cartas de amor. Y podría también haberlo sido después, cuando perdió su cordura.

García Márquez se alimentó tanto de la realidad del caribe colombiano para escribir sus novelas, que cualquiera de nosotros puede sentirse en algún sentido o en algún momento, un poquito robado. Por obvias razones, en este punto, los casos de Luis Alejandro Velasco y Miguel Reyes Palencia, son los más conocidos; pero la existencia de muchos anónimos Pedros Ángeles, es, creo, indiscutible.

Por último, una idea de la novela que sí me gustó, fue la de que la presencia de la mujer puede cambiar el sino de la historia de una familia. El triste estado de la familia del protagonista, compuesta por él, Franco Rossi, su papa octogenario viudo y sus dos hijos cuarentones solterones, se empezó a gestar con la muerte de su esposa. Así mismo, el aire esperanzador que se siente al final de la novela, es por la tácita aceptación de Alena Pastor.

En conclusión, Cartagena de Claudia Amengual no me ha gustado. Me ha parecido una novela más bien regular, que tiene algunas cosas interesantes.


Cartagena

Bogotá: Alfaguara, 2015.

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