Bogotá es la Rusia Romántica, en el Teatro Estudio

El Viernes Santo había cinco conciertos programados en el Teatro Estudio, de los cuales había pensado ir a cuatro, pero terminé yendo solamente a dos.

El Teatro Estudio no es un teatro muy cómodo. Tiene buena acústica, por ser pequeño, pero las sillas son de mala calidad, parecen ser de esas plásticas, como si de un teatro portátil o transitorio se tratara. La última y creo que única vez que había ido a dicho teatro, fue en el 2014 para escuchar La muerte y la doncella por el Cuarteto Emerson. En esa época las localidades eran generales, es decir, no numeradas, y por tanto se hacía la fila por orden de llegada para coger buenos puestos.

Recuerdo que esa vez no solo me sorprendió la poca calidad de las butacas, sino que sentí también que estaba como descuidado, con piso y escalones de madera débiles y sonoros en ciertos lugares. Algo inaceptable para un teatro de tan reciente inauguración. Por eso no había vuelto. Pero por Souvenir de Florence, me decidí a ir.

En esta ocasión, encontré que la silletería estaba numerada, por lo que pensé que de pronto la habían cambiado. No fue así. Habían simplemente colocado unas calcomanías en los brazos de las sillas, que además ni siquiera señalaban si la silla de ese número correspondía a la de la derecha o la izquierda. Pero bueno.

Concierto # 21:

El concierto número 21, de las tres y media de la tarde, empezó con el Cuarteto op. 35 en la menor de Anton Arensky. Este cuarteto tiene la particularidad de tener dos violonchelos en vez de dos violines, lo que le da un tono melancólico que me gustó bastante. Tiene un segundo movimiento de tema con variaciones, que si bien no llega al nivel del segundo movimiento del sexteto número uno de Brahms, resultó muy interesante. Es sin lugar a dudas una obra a tener en cuenta.

Luego siguió el sexteto para cuerdas Souvenir de Florence de Tchaikovsky. Fue le obra que fui especialmente a escuchar y fue sin lugar a dudas lo mejor del festival. Escuchar este tipo de obras en vivo es extraordinario, ya que no solo se disfruta de su gran y expresiva sonoridad, sino que puede apreciarse también el gran esfuerzo físico que se requiere para interpretarlas.

En el segundo movimiento me gustó mucho el dialogo que tiene lugar entre el primer violín y el primer violonchelo, y en el cual después se introduce la primeria viola. Me pareció muy romántico.

Por último, me llamó la atención el cambio de instrumento que hubo entre Julian Raclin y Sarah McElravy. Esto me hizo preguntarme si en estos casos en que un músico toca el violín en la primera obra y la viola en la segunda, y otro la viola en la primera y el violín en la segunda, ¿tiene cada uno su violín y su viola?, o ¿puede suceder que se los presten o cambien entre sí?

Concierto # 25:

El concierto número 25, de las seis de la tarde, incluyó dos quintetos con piano, interpretados por el Cuarteto Borodín, que estoy seguro de haber visto antes en alguna parte pero que no me acuerdo donde, junto con el pianista Alexei Volodin.

Las obras que interpretaron fueron el Quinteto con piano en do mayor de Nikolai Medtner y el Quinteto con piano en do menor de Borodín. No conocía ninguna de la dos. Y aunque me parecieron que estuvieron bien, no me terminaron de sorprender. Me quedó la sensación que fueron obras muy fáciles para la calidad de los intérpretes.

Fue un buen concierto, pero menos interesante que el anterior.

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