Bogotá es la Rusia Romántica, en el Teatro Mayor

El tercer festival de música clásica de Bogotá ha estado dedicado al romanticismo ruso. Este festival se realiza cada dos años en semana santa, intercalándose con el festival de teatro. En el 2013 el tema del festival fue Beethoven. En el 2015, Mozart. Para el 2017 esperaba que fuera Bach o Brahms.

No recuerdo con que tanta anticipación anunciaron que sería el romanticismo ruso, pero es, creo, uno de los pocos eventos de este año que se ha desmarcado de la festividad Año Colombia Francia 2017, aunque bajo este lema se ha incluido en la programación un ballet de una compañía francesa, titulado La bella y la bestia, que utiliza música de Tchaikovsky.

A diferencia del festival de Cartagena, el de Bogotá es un festival intenso y muy concentrado. En unos pocos días se dan los más de 50 conciertos programados, los que, aunque se anuncian en múltiples escenarios, se dan principalmente en dos que están en el Centro Cultural Biblioteca Pública Julio Mario Santo Domingo: el Teatro Mayor y el Teatro Estudio.

En estos dos teatros se siguen uno detrás de otros, la gran mayoría de los conciertos del festival, empezando desde media mañana y hasta la noche, por lo que el festival permite pasar todo el día escuchando música clásica.

Yo, debo reconocerlo, a pesar de estar en Bogotá en ambas ocasiones anteriores, no fui a ningún concierto en el del 2013 y fui solo a uno en el del 2015.

En el 2013 no fui por el repugnante comportamiento del alcalde de la ciudad de esa época, que se apropió del festival como si fuese un logro suyo. Según este asqueroso y repulsivo personaje, gracias a él Bogotá iba a conocer por primera vez y por fin, quien es Beethoven. Indignado de tener que encontrarme en un concierto de música clásica con algún discurso o panfleto de este sujeto en el que hiciera una apología de su proyecto político, decidí no ir a ninguno, a pesar de que Beethoven es uno de mis compositores favoritos.

En el 2015, las ínfulas de este patético personaje estaban mucho más bajas, por lo que dejó pasar el festival con más normalidad. Sin embargo, Mozart no es uno de mis compositores favoritos, por lo que solo asistí a un concierto, uno matinal, en el que se interpretó el exquisito Concierto para violín número 3 en sol mayor, K. 216. Lamento no haberlo incluido en su oportunidad en el blog, puesto que hoy no me acordaba ni siquiera del nombre de la solista, que recuerdo estuvo muy bien. Rebuscando mucho en la web pude constatar que fue Isabelle Van Keulen acompañada de la Wiener KammerOrchester.

Desde 2016 hay otro alcalde en la ciudad, ubicado en las antípodas políticas del anterior, lo que daba algo de confianza de que no utilizaría el festival de este año para hacerse publicidad. Por ello programé asistir a varios conciertos y recuperar de alguna forma el tiempo perdido en los anteriores. En los programas de mano, sin embargo, me encontré con una lamentable sorpresa, un pequeño papelito rojo burdamente agregado, en el que el alcalde actual compartía un insulso mensaje.

Es triste que los alcaldes utilicen el festival para publicidad política. Creo que el Teatro Mayor debería tener una estricta regla de autonomía y neutralidad, limitando la presencia de la alcaldía de la ciudad a su logo, tal y como se hace con todas las demás entidades auspiciadoras y colaboradoras.

Pero bueno. Revisado el programa del festival decidí ir a tres conciertos en el Teatro Mayor el Jueves Santo, y a cuatro conciertos en el Teatro Estudio el Viernes Santo. El sábado empezaban los playoffs de la NBA.

Por la forma como organiza el festival los conciertos toca elegir con mucha atención a cuáles se quiere ir, puesto que muchos se desarrollan de forma simultánea en diferentes escenarios.

De las obras incluidas, en realidad, únicamente me llamaba la atención Souvenir de Florence de Tchaikovsky el viernes en el Teatro Estudio. Fue por ello que seleccioné los conciertos en la forma que dije arriba: el jueves en el Teatro Mayor, y el viernes en el Teatro Estudio.

De los tres del jueves en el Teatro Mayor, que serían a los que debería referirme aquí, en esta entrada, solamente terminé asistiendo a los dos primeros, programados a la 1 pm y a las 4.30 pm. Para el tercero, que empezaba a las 8.30 pm, estaba bastante cansado, y no me gustó terminar saliendo tan tarde del teatro.

Concierto # 8:

En el concierto de la una de la tarde, que era el número 8 del festival, la Staatskapelle Halle interpretó el conocido poema sinfónico Una noche en el Monte Pelado de Mussorgsky. Por las notas del programa de mano, me enteré que lo que habitualmente escuchamos como esta obra orquestal es composición en realidad de Rimsky-Korsakov, basada en la música de Mussorgsky. Yo no lo sabía, pero con ello en mente, no pude dejar de sentir cierta semejanza de estilo entre esta pieza y la que cerraba el concierto, Scheherezade de Rimski-Kórsakov.

Luego siguieron dos obras de Tchaikovsky para violonchelo y orquesta, el Andante cantábile y las Variaciones sobre un tema Rococó. El programa colocaba erróneamente el intermedio entre estas dos obras. El solista, Daniel Múller-Schott, estuvo muy bien. En la interpretación de las variaciones, en un momento de arrebato, le tumbó la partitura a los primeros violines. Hubo un pequeñísimo momento de desconcertación, pero solista y director mantuvieron muy bien la concentración y continuaron de forma fluida con la interpretación de la obra.

Por último, Scheherezade de Rimski-Kórsakov es una obra muy conocida que me gusta bastante. Tiene momentos donde parece un concierto para violín. La orquesta estuvo muy bien, pero no me gustó del todo el sonido del primer violín. Creo que no le favoreció el contraste generado, luego de haber escuchado el señorial sonido del violonchelo.

Concierto # 11

El concierto de las cuatro y media fue con la Russian National Orchestra – RNO y su fundador y director artístico Mikhail Pletnev. Es una orquesta imponente y de una disciplina intimidante. La primera obra que interpretaron fue Fantasía sobre Jota Aragonesa de Glinka. Nunca antes la había escuchado, y resultó interesante, aunque menos “española” de lo que esperaba.

Siguió el Concierto para piano número 2 en sol mayor, op. 44 de Tchaikovsky. Por una inexcusable confusión, hasta que empezó la interpretación del concierto, estuve convencido de que escucharía el conocido tema de corno francés con que inicia el segundo concierto para piano de Brahms. Incluso lo tarareaba muy contento antes de entrar a la sala. Resultó, sin embargo, que en mi vida había escuchado el concierto de Tchaikovsky, lo que ya de por sí es vergonzoso, aún si no lo hubiese confundido con el de Brahms.

Es un concierto serio, extenso y complejo. El pianista, Alexei Volodin, estuvo extraordinario, sobre todo en las cadenzas, que me parecieron fueron más y más largas que lo que creo habitual en los conciertos para piano. En el segundo movimiento, el primer violín y el primer violonchelo tienen una interesante importancia concertante.

Por último, la orquesta interpretó la Sinfonía número 2 en mi menor, op. 27 de Rachmaninov, que no me gustó. Me pareció excesivamente larga. El único movimiento que en realidad disfruté fue el tercero, que tiene una musicalidad muy bonita. Al final me dejó tan casando esta sinfonía que no me quedé ni para las ñapas que dio la orquesta.

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