Los miserables, de Víctor Hugo

La razón por la cual esta novela es tan extraordinaria, es porque resulta imposible no sentir compasión, dolor, tristeza, admiración, angustia, felicidad, temor, respeto, rabia y cariño, por Jean Valjean y junto a Jean Valjean.

El personaje creado por Víctor Hugo, para mí, no es solo un personaje, es mucho más. Es un ser sobrenatural con el que he compartido profundos sentimientos. Al final de la novela, con el corazón acongojado, quisiera uno poder llorar sobre esa piedra desnuda enmohecida, ubicada en una esquina desierta del cementerio del Père-Lachaise, que, según Víctor Hugo, le sirve de anónima lápida.

Con ningún otro personaje de ficción he sentido mayor empatía que con Jean Valjean, y es por ello que Los miserables es mi novela favorita.

Ahora. Desde hace varios años estaba con ganas de releerla nuevamente. Pero también tenía ganas de comprar alguna edición de lujo, resistente y muy bien hecha, que reemplazase la más bien económica de Booket del Grupo Planeta que tengo, y que es igual a la de Guerra y paz que releí hace ya algunos meses y que se terminó desojando en mis manos.

Andaba en esa búsqueda cuando vi, por allá en el 2013, que Alianza Editorial había lanzado una nueva traducción de esta obra, a cargo de María Teresa Gallego Urrutia. La primera traducción integra y fidedigna de la obra de Víctor Hugo.

Yo no es que estuviera descontento de la traducción de Nemesio Fernández Cuesta, que es la que trae, con edición y notas de José Luis Gómez, la edición de Booket que tengo, pero me llamó la atención la idea de Los Miserables sin censura, y sobre todo me gustó mucho la presentación en que venía de un estuche con dos tomos.

Al ver la foto, me los imaginé como dos tomos robustos y pequeños, resistentes y de gran calidad, justo lo que estaba buscando, por lo que tomé la decisión de comprarlos apenas llegaran a las librerías de Bogotá.

Demoraron bastante en llegar. No fue sino hasta mediados del mes pasado cuando los vi por primera vez en la Lerner. El estuche de dos tomos no me gustó, por cuanto eran muchos más altos y delgados de lo que yo me había imaginado. Pero compré la edición en un solo tomo que hace parte de la colección Biblioteca de traductores. Era más costosa, pero me pareció más robusta y resistente, aunque no tan lujosa como yo quería.

La acabo de terminar de leer, y si bien me gustó muchísimo, si me apuran, diría que me quedo con la traducción censurada de Fernández Cuesta.

La cuestión aquí, creo, no es solo de fidelidad con la obra original, que es fundamental, sino también de estilo narrativo, y más allá de que el traductor exprese su deseo de preservar lo más posible el estilo original del autor, es importante que el traductor tenga también a su vez un buen estilo narrativo. Y creo que el estilo de Fernández Cuesta es mejor que el de Gallego Urrutia, o por lo menos recuerdo que me gustó más aquel, o tal vez sea simplemente la añoranza y el cariño especial que se tiene hacia una primera lectura.

Respecto de las partes censuradas, debo reconocer que no identifique ninguna en mi lectura. No me acordaba muy bien de todos los detalles de la novela. En un artículo en la web, sin embargo, se destacan algunas que me parecen muy interesantes, sobre todo las relativas a la Iglesia, y que en realidad se ajustan mejor al carácter de los personajes de la novela.

La humildad de monseñor Bienvenido daba claramente para que fuera él el que le pide la bendición al convencional, y no al revés; y es claro que Jean Valjean no necesitaba a un cura a la cabecera de su lecho de muerte por cuanto contaba con un santo, monseñor Bienvenido.

De unas de las pocas diferencias de esta traducción que sí me di cuenta al momento mismo de leerla, fue la de uso de la palabra golfillo para gamin. Fernández Cuesta la traduce como pilluelo. Lo curioso de esta palabra es que en Colombia y en otros países de Suramérica se utiliza gamín como un peyorativo de niño de la calle, que destaca sus malas maneras y costumbres. Yo personalmente me quedo con pilluelo, que creo destaca la astucia y la vivacidad de Gavroche.

Por último, decir que, de acuerdo a la traducción de Gallego Urrutia, este blog se llamaría el egoísta de lo infinito y no del infinito. Creo que, aunque sutil, la diferencia es grande entre el infinito, como un objeto directo, y lo infinito, como adjetivo de un pronombre que no resulta muy claro a que objeto refiere.

Pero bueno. Esta es la primera lectura que hago de esta traducción. Ya habrá oportunidad de releerla nuevamente y escribir sobre partes específicas de la obra, como los profundos exámenes o “tempestades” de conciencia a que, en múltiples ocasiones, se somete Jean Valjean, y que son de lo más extraordinario de la novela.


Los miserables_opt

Madrid: Alianza editorial, 2013.

Traducción de María Teresa Gallego Urrutia.

Un comentario en “Los miserables, de Víctor Hugo”

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