La peste, de Albert Camus

La peste de Camus es uno de esos libros que, a medida que se leen, dan la sensación de que son otra cosa. Que sus autores son personas que se dedican a algo diferente a lo que hacen la mayoría de los escritores con el lenguaje: mientras estos nos cuentas historias con mejor o peor fortuna, aquellos parecen que se dedican a otra cosa. Qué sea esa otra cosa, no lo sé muy bien. Pero es la sensación que dan.

A riesgo de parecer obvio, esa sensación puede estar relacionada con dos aspectos: uno la profundidad, y el otro la perfección.

La peste es una novela de una maravillosa profundidad. Un escrito filosófico a manera de novela. Hacer esto, y que parezca algo natural y no impostado, tiene que ser supremamente difícil.

Ahora. Camus fue un existencialista (o un tipo de existencialista, el agnóstico), y, en mi ignorante opinión, creo que La peste ejemplifica muy bien los postulados de esa corriente filosófica.

En La peste, la desazón de la existencia se percibe de una forma muy particular en cada uno de los personajes creados por Camus, colocados frente a la situación extrema de la posibilidad de una muerte inminente dentro de una ciudad en cuarentena por una epidemia de peste. Y, en dicha situación, se destaca la solidaridad como la herramienta que tiene al alcance el ser humano para paliar de alguna forma ese vacío existencial y ese sentimiento de impotencia ante la absurda calamidad que está acabando con la humanidad.

Resultaría interesante consultar, y tienen que existir bastantes, los estudios que expliquen los aspectos filosóficos de la novela, no solo respecto de la forma en que actúa cada uno de los personajes principales de la novela, sino también respecto de las diferentes etapas de alarma que va causando la epidemia en la ciudad, en la que, a la despreocupación inicial, sigue el pánico y la resignación.

En cualquier caso, creo que el gran mérito de la novela es el lograr trasmitir estas profundas ideas, o preocupaciones existenciales, de forma simple e interesante, sin necesidad acudir a un lenguaje académico o excesivamente abstracto.

Por otra parte, La peste también produce una sensación de suprema perfección. Por la forma como se va desarrollando la historia, y por la forma en que se van desenvolviendo los personajes, creo que resulta claro que nada está allí de forma accidental. En la novela todo ha sido colocado en el lugar que fue colocado por alguna especifica razón, la cual puede no ser muy obvia, pero sí en algún grado perceptible.

Y si a esto agregamos el propósito alegórico de referiste a la ocupación nazi como la peste, de quienes dijo que llegaron como las ratas, la sensación de perfección se acrecienta aún más.

Ahora. En cuanto a la estructuración de la historia como tal, dos cosas llamaron especialmente mi atención.

La primera fue la dicotomía que estableció en los personajes entre extranjeros y locales, entre ciudadanos desterrados y extranjeros prisioneros; y entre aquellos que tenían a sus seres queridos con ellos y quienes estaban involuntariamente separados de los mismos. Son muchas las consideraciones que realiza Camus a lo largo de su novela distingüendo entre estos diferentes grupos, las cuales, si bien no me terminaron de convencer, sí me parecieron que sirvieron muy bien al propósito y al desarrollo la trama de la novela.

La segunda, fue la de esconder hasta el final la identidad del narrador, supuestamente con el propósito de adoptar el tono de un testigo objetivo. Este punto, que está más relacionado con la técnica narrativa que con los aspectos filosóficos, creo que fue en realidad una precaución innecesaria, toda vez que la maestría demostrada por el narrador a todo lo largo de la novela, en la que acudía a diferentes fuentes de diferentes personajes, hubiese sido igualmente creíble y destacable, si el narrador terminaba siendo cualquier otro personaje secundario, como un simple enfermero que hubiese sobrevivido a la peste, e incluso la misma madre del doctor Rieux, por ejemplo.

En mi humilde opinión, creo que el propósito de esta argucia de esconder al narrador, era exclusivamente el no revelar de antemano que un personaje en particular sobrevivió a la peste, dejando viva la posibilidad, hasta el último momento, de que cualquier personaje, por más importante que fuese, muriese.

En fin. La peste de Albert Camus es una novela extraordinaria, de una gran profundidad filosófica y una notable perfección narrativa.


La peste

Editorial Sudamericana. Barcelona, 1999.

Colección Diamante.

Traducción de Rosa Chasel.

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