1984, de George Orwell      

1984 de George Orwell, es, durante su primera parte y gran parte de la segunda, una novela muy interesante, con una muy completa y verosímil descripción de un mundo distópico, de la que lo que más me gustó fue la capacidad del poder político de borrar y cambiar el pasado.

Al final de la segunda parte, sin embargo, cuando Winston comienza a leer el libro Teoría y práctica del colectivismo oligárquico de Emmanuel Goldstein, y se nos explica desde un enfoque político el nacimiento del estado de Oceanía, en los capítulos correspondientes a dos de las tres consignas del Partido: la guerra es la paz y la ignorancia es la fuerza, la novela perdió bastante de su atractivo, para dar paso a la pesadez de un no muy interesante estudio de filosofía política acerca de tres grupos de seres humanos: los altos, los medianos y los bajos.

Finalmente, la tercera y última parte de la novela, me pareció más bien regular, en cuanto el proceso de reeducación al que someten a Winston fue infantil, o nada sofisticado para los tiempos de hoy; aunque el resultado y la forma como este se concretó, sí me parecieron destacables.

En este proceso de reeducación, el personaje de O’Brien no termina de obtener la fuerza necesaria para hacerlo creíble, y el cuento de la habitación 101 me pareció una estupidez. Sin embargo, el resultado, la concreción del resultado, al aceptar Winston que dos más dos son cinco, que la libertad es la esclavitud, que el poder es dios, y finalmente, que amaba al gran el hermano, fue impactante.

En realidad, la novela es muy buena, y si se la compara con, por ejemplo, Un mundo feliz de Aldous Huxley, hay que reconocer su gran superioridad. La forma como plantea aspectos tales como la organización burocrática, las (auto)guerras y las fiestas del odio, e incluso el mismo personaje femenino, fácilmente nos llevan a la conclusión de que se trata de una novela muy bien concebida y desarrollada, en la que, en efecto, el gran postulado político es ese de que el poder es dios.

De Julia me gustó su visión individualista del inconformismo: mientras pueda hacer lo que le venga en gana, así sea a escondidas, poco le importa quien esté en el poder. Esta poca ambición colectiva contrasta con su gran intuición política, que le permite señalar, con total naturalidad, qué es el mismo gobierno el que realiza los ataques a la población y que esa supuesta Hermandad para acabar con el Partido no existe.

Otros aspectos, sin embargo, me parecieron más bien regulares, como la neolengua, que tiene, obviamente, complejidades filosóficas; y también, creo, que al personaje de Winston le hubiese sentado bien un poquito más de heroicidad, y, tal vez, no sé, poder llevar la contrarrevolución en algún aspecto al plano de los hechos, revelando, por ejemplo, alguno de los muchos engaños del Ministerio de la Verdad.

Esto hubiese generado, en mi opinión, no solo más empatía para con el personaje principal, sino que hubiese hecho más impactante su claudicación final.

En conclusión, 1984 de George Orwell es una muy buena novela que no me terminó de gustar.


1984Orwell

Ediciones Destino, S.A. Colección Booket. Barcelona, 2009.

Traducción de Rafael Vázquez Zamora.

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