La perla, de John Steinbeck

En la década de los 80, editorial Oveja Negra inundó nuestro país con múltiples colecciones literarias. Biblioteca de literatura colombiana (libros color crema), Historia de la literatura latinoamericana (libros color verde oscuro), Historia universal de la literatura (libros color café oscuro de pasta dura), Maestros de la literatura universal (tomos color rojo en imitación de cuero), Grandes aventuras (libros verdes) y Best sellers (libros rojos), son los títulos de las colecciones que yo conozco.

Estas colecciones, que en términos generales son más bien toscas, están disponibles, más o menos incompletas, en la biblioteca de donde habitualmente voy de vacaciones. Superan fácilmente los trescientos títulos y de ellos son pocos los que he leído.

Revisado el blog, pude ver que he incluido en mi bitácora únicamente dos libros de la colección de grandes aventuras (Dos años de vacaciones y La isla del tesoro), uno de la colección de best sellers (Lo que el viento se llevó), uno de la biblioteca de literatura colombiana (Una mujer de 4 en conducta), y uno de la colección de historia universal de la literatura (Eugenia Grandet); además de cuatro títulos incluidos en los tomos de los maestros de la literatura universal (La letra escarlata, El corazón de las tinieblas, la hija del capitán y Los crímenes de la calle morgue).

Hay también en estas colecciones libros que, si bien he incluido en mi bitácora, cómo Veinte años después, El conde de Montecristo o Pedro Páramo, los he leído en ediciones distintas a las de Oveja Negra. Así como también títulos pertenecientes a estas colecciones que leí antes de empezar el blog, como por ejemplo, La taberna de Zola, El jorobado de Nuestra Señora de Víctor Hugo, y El prisionero de Zenda de Anthony Hope, entro otros.

Estas colecciones, a pesar de no tener la calidad editorial que uno exige hoy día, resultan muy interesantes porque tienen títulos que no se consiguen fácilmente. Así, y visto lo atrasado que estoy en su lectura en términos generales, en estas vacaciones me dispuse a leer algunos de estos libros. Alcance a leer tres, de la colección de historia universal de literatura, que resultaron más bien cuentos largos que novelas cortas.

El primero de ellos fue La perla de John Steinbeck, premio nobel de literatura en 1962.

El libro trae al comienzo un pequeño prólogo del traductor, Francisco Baldiz, que es tan elogioso que resulta sospechoso. Luego de la lectura de la novela, sin embargo, es fácil coincidir con el traductor, en el sentido de que La perla es una obra de una maravillosa belleza formal y gran profundidad lírica y humana. Pero también creo que es una obra demasiado corta. Y si bien es meritorio lograr ese nivel de profundidad en tan pocas páginas, la historia como tal creo que termina resintiendo esta restricción de espacio.

Son en realidad tantas las cosas trascendentales las que suceden en esta novela, hilvanas unas detrás de otras, que como lector hubiese agradecido más sosiego y extensión al narrarlas. Y creo que esto es así por cuanto, a pesar de ser una muy buena novela corta, tiene cosas y personajes que se contradicen con la idea de perfección que en mi opinión subyace necesariamente a los grandes cuentos y al tipo de extraordinarias obras pequeñas, en las que en realidad no puede haber sino única y exclusivamente lo estrictamente necesario. Si la obra hubiese sido un poco más extensa, esta exigencia de perfección se hubiese relajado significativamente, y la novela hubiese sido, en mi opinión, mucho mejor.

Ahora. Lo que más me gustó de la novela, fue la idea o el recurso al que acude el autor de mencionar diferentes Canciones, la cuales van atravesando la novela como si de verdaderos personajes se tratara. La Canción Familiar, la Canción del Mal, la Canción de la Perla, la Canción del Enemigo, son canciones que vaya uno a saber con suenan en realidad, pero que de manera cíclica van apareciendo y anunciando alegres esperanzas o trágicos eventos en la novela.

En un interesante artículo firmado por Berta Guerrero Almagro, se nos va llevando, capitulo a capitulo, a través de estas diferentes canciones, señalándonos además los otros sonidos y silencios que se encuentran también en la novela.

Al terminar La perla, leí en vacaciones El gatopardo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa y La gata de Collete. No es en realidad mucho lo que tengo que decir para recordar de estos libros, pero igual lo haré en entradas separadas, próximamente.


LaPerla

Editorial La Oveja Negra Ltda., 1983.

Colección: Historia Universal de la Literatura, número 24.

Traducción de Francisco Baladiz

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