Nostromo, de Joseph Conrad

Nostromo, de Joseph Conrad, es una extraordinaria novela de aventuras, con aspectos políticos sorprendentes, un interesante entramado de personajes, y soportada en un robusto esfuerzo creativo de todo un país imaginario, que para el lector latinoamericano resultará inevitable no encontrarlo semejante a su propio país.

Estas semejanzas, o flagrantes coincidencias, como Juan Gabriel Vásquez nos dice en el prólogo que firma y acompaña la edición de Nostromo que leí, dieron lugar a la escritura de su novela Historia secreta de Costaguana, cuyo tema es el robo por parte de Joseph Conrand para efectos de escribir Nostromo, de la historia de José Altamirano y del papel que este jugó en la separación de Panamá, quedando así explícito en aquella novela que Costaguana es Colombia, la provincia de Sulaco o provincia occidental es Panamá, y la mina de Santo Tomé es la construcción del Canal.

Historia secreta de Costaguana es, además, la única razón por la cual compré y leí Nostromo. De Conrad, solamente había leído su corta novela El corazón de las tinieblas, que no me gustó mucho, por lo que en realidad no tenía programada la lectura de ninguna otra obra de este autor, y mucho menos una tan extensa como Nostromo.

Sin embargo, luego de leer Historia secreta de Costaguana, luego de leer su extraordinario capítulo final en el que José Altamirano, derrotado, le pregunta a Conrad: ¿Cómo terminará todo? ¿Cómo terminará la historia de Costaguana?, y supuestamente escucha distraído los capítulos finales de Nostromo mientras piensa en su amada abandonada, resulta imposible no sentir curiosidad por leer el libro y saber cuál es y cómo termina en realidad la historia de la Costaguana de Conrad.

Resultó, sin embargo, que de Nostromo, lo que menos me gustó, fueron precisamente sus capítulos finales, en los cuales, la gran novela de aventuras con interesantes tintes de idiosincrásica política regional, degeneró hacia una especie de drama romántico de triángulo amoroso con dos hermanas, las cuales durante la trama de la novela no habían tenido mayor relevancia.

No creo por tanto que hubiese habido verdaderas razones para que Altamirano hubiese experimentado un sentimiento especial de congoja o resignación respecto del robo de su historia y de su vida por parte de Conrad, al escuchar estos capítulos finales.

Con todo, luego de leer Nostromo, sí es evidente el robo de Conrad, no solo a Altamirano, sino a todos nosotros los latinoamericanos, cuando vemos que, en esta extraordinaria novela latinoamericana, habitan en realidad muy pocos, para no decir ninguno, personajes en verdad latinoamericanos.

Los que no son directamente extranjeros, como Nostromo y el viejo Giorgio Viola, que son italianos, o Emilia Gould, el doctor Monygham y el capitán Mitchell, que son ingleses; son costaguaneros con ascendencia extranjera o que han pasado algún tiempo en el extranjero, como Charles Gould, Martín Decoud, José y Antonia Avellanos, e incluso, el mismo Pedrito Montero, quien antes de convertirse en guerrillero estuvo por Europa engañando a la gente.

Es difícil encontrar un personaje de cierta relevancia en la novela que sea un costaguanero de pura cepa, lo que, si bien no hace que la novela sea menos extraordinaria desde el punto de vista literario, sí puede producir cierta desazón, sobre todo en nuestro ego o amor propio, al no encontrar en ella un personaje con el cual podamos realmente identificarnos, a pesar de que los hechos están ocurriendo en un país que fácilmente podemos tomar como el nuestro. En fin. Que hay mucho extranjero en la novela.

Ahora. Un aspecto que creo que debe destacarse, es que, si bien en Nostromo es muy importante la revolución separatista de la provincia occidental, este no es el hecho que en realidad llevó a Conrand a escribir la novela. Según nos dice en la Nota del autor, la anécdota que dio origen a la novela, fue la del robo por un solo hombre de un cargamento completo de plata.

Por la forma como se dieron los hechos, este robo o los frutos de este robo, tenían que irse dando muy lentamente, lo cual, como vemos en los capitulo finales, dio lugar a un símil que yo creo que era el que tenía desde el principio Conrad el propósito de narrar.

Así como la plata de la mina ejercía en Charles un embrujo tal que lo alejaba incluso del cariño de su esposa Emilia, así mismo la plata robada escondida en la Gran Isabel, ejerció su embrujo sobre Nostromo, hasta el punto de alejarle del amor verdadero y causarle su fatal desenlace.

Creo que es posible que el sentido original de la novela estuviese más cercano al de una narración oscura de voluntades rendidas al poder encantador de un idea o propósito, como la explotación de la plata de la mina, que al de la simple narración de una aventura secesionista.

Claro está que las ideas independentistas también podían ser utilizadas como ese proyecto extremo que somete la voluntad de los personajes, pero ese no fue el caso en esta novela. Tan solo Martín Decoud veía en la separación un proyecto meritorio, pero únicamente como medio necesario para lograr sin inconvenientes el amor de Antonia.

Por otra parte, y es un aspecto que destaca Vásquez en el prólogo, está el asunto de la obra inédita Historia de cincuenta años de desgobierno, escrita por el ilustre costaguanero don José Avellanos, cuyo contenido únicamente conoce Conrad, y al que acudió como principal autoridad para conocer la historia de Costaguana.

Borges, en su cuento Guayaquil, nos cuenta en la voz de un profesor de historia americana, que está obra, que se creía perdida en circunstancias que son de dominio público, fue descubierta y publicada en 1939 por el nieto de don José, el doctor Ricardo Avellanos. Como es que el doctor Ricardo es nieto de don José, si a este únicamente le sobrevivió su hija Antonia, no nos lo explica Borges.

Sin embargo, es claro que esta es la misma edición que leyó Vásquez para escribir Historia secreta de Costaguana, y que junto a obras reales como 1903: Adiós, Panamá, de Enrique Santos Calderón y The Path Between the Seas, de David McCullough, consideró injusto no mencionar expresamente en la Nota del autor al final de su novela.

Los escritores, me imagino, disfrutan como niños creando este tipo de pequeños engaños, en los que la ficción se sale del lugar destinado a la ficción. Así, no basta con que un personaje haya escrito una obra, sino que en el prólogo o en las notas, el autor afirma haber leído dicha obra.

Esta manera de vivir la ficción siempre me ha llamado mucho la atención, y creo que incluso, para ciertos escritores, resulta siendo algo que simplemente no pueden evitar.

Por último, otra cosa que me gustó de Nostromo, fue la forma como Conrad nos cuenta los resultados de la revolución a través del paseo turístico guiado, que algunos meses después de los hechos, el capitán Mitchell le hace a algún visitante distinguido. En contraste con este ingenioso recurso, no me gustó la forma como finalmente nos enteramos de lo que le pasó a Martín Decoud. Creo que hubiera sido posible encontrar una carta o una libreta en la que él mismo nos explicara toda la situación.

Pero bueno. Ya eso son pequeños detalles. La cierto es que, Nostromo, es una extraordinaria novela de aventuras.


Nostromo

Verticales de bolsillo (Grupo Editorial Norma). Barcelona, 2007.

Traducción de Olga García Arrabal.

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