Judas, de Amos Oz

Para que esta novela no fuese la decepción que finalmente fue, debió haber empezado por titularse algo así como La casa de Joaquín Abravanel, o simplemente Shmuel; pero nunca, en ningún caso, Judas. Es tan marginal la forma en que Oz se ocupa de la historia de Judas Iscariote en este libro, que resulta a todas luces engañoso su título.

La historia central de esta novela es la de Shmuel Ash. Quien, por una parte, está escribiendo una tesis sobre Jesucristo a ojos de los judíos, y en la que se preocupa también por la figura de Judas Iscariote. Y, por otra parte, se va a trabajar como acompañante del anciano Gershom Wald, con quien ocasionalmente discute las ideas centrales de su trabajo académico.

En términos generales, la cuestión de Judas puede resumirse en el contrasentido que le parece a Shmuel que es, el que a Judas se le considere por el cristianismo como el único judío de entre todos los apóstoles, y además encarnado en la figura de odio del “judío traidor”, cuando en realidad fue Judas el único, primero y último, verdadero cristiano.

A mí personalmente siempre me ha llamado la atención la figura de Judas y su traición a Jesús, y me ha gustado bastante la forma como se le presenta en obras como Jesucristo Superstar, en la que se le destaca como instrumento ineludible del designio Divino, injusto y cruel, en mi opinión; o como se le presenta también en algunas otras películas y miniseries, en las que se coloca el acento de su personaje en el aspecto político revolucionario en contra de la ocupación romana.

Para Oz, sin embargo, la cosa no va por ninguno de estos lados, sino por otro que me ha parecido bastante ingenuo, y consiste en que Judas traicionó a Jesús, condenándole a morir en la cruz, porque era en realidad el único apóstol que realmente creía en Él, en su Divinidad. Y por ello era el único que en realidad creía que, luego de la crucifixión, “se alzará el Dios crucificado, se desprenderá de los clavos, descenderá de la cruz y le dirá a todo el atónito pueblo postrado en tierra: Amaos los unos a los otros.

En presencia de este último milagro, el de descender sano y salvo de la cruz, ya nadie nunca jamás dudaría de su Divinidad. Al no suceder así, al morir en la cruz en vez de descender de ella, Judas comprende que ha causado la muerte de Jesús y procede a ahorcase.

Planteada así la cuestión, pareciera ser que el suicidio de Judas es producto de un simple malentendido en cuanto al tiempo que iba tomar la resurrección de Jesús. Lo cual resulta un planteamiento bastante ingenuo, si tenemos en cuenta que el mismo Jesús anunció su muerte y su resurrección al tercer día. Por lo que, si Judas realmente creía en Él, debió creer también en su posterior resurrección, y no esperar que descendiese inmediatamente de la cruz.

Pero, en fin. Todo esto ocupa muy pocas páginas del libro, y no es mucho en realidad lo que se puede sacar de él en este punto.

La historia central y extensa de la novela es, como se dijo, la de Shmuel Ash. Esta historia es bastante interesante e incluso en ocasiones misteriosa. En ella Shmuel se embarca en una seudoinvestigación de una historia reciente para el momento en que aquella ocurre, sobre el papel que tuvo Joaquín Abravanel en la conformación del Estado Judío de Israel. En esta, Abravanel despunta como un posible y malentendido Judas, que es tratado como un traidor por oponerse a la creación del Estado Judío. Sin embargo, al final, yo no pude estructurar en realidad ninguna relación entre Judas y Abravanel.

Así mismo Schumel se inmiscuye sentimentalmente con Atila Abravanel, hija de Joaquín, en una especie de relación amorosa de novela negra policíaca, que al final tampoco llegó a ningún lado. Hilando muy fino, es posible que el Judas de toda esta historia sea el mismo Schumel, y que su traición estuviese en haberse enamorado de Atila. El final de novela, que es abierto e indefinido, no ayuda mucho a esta hipótesis. Creo que hubiese servido, tal vez, que Schumel se hubiese también suicidado, pero igual tampoco tenían muchas razones para hacerlo.

En conclusión, la historia principal de la novela resulta interesante y entretenida, pero es poco, o por lo menos así me pareció a mí, lo que se relación con la de Judas Iscariote. Lo cual es una lástima porque Oz es, sin lugar a dudas, un escritor de gran calibre que hubiese podido desarrollar la historia de Judas como historia principal de forma extraordinaria.


Judas

Ediciones Siruela, S.A. Madrid, 2015.

Traducción del hebreo de Raquel García Lozano.

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