Guerra y paz, de León Tolstoi

A principios de este año la BBC lanzó una serie de televisión de seis capítulos sobre Guerra y paz protagonizada por Lily James, quien hizo de Lady Rose en Downton Abbey. Antes de ver a Natasha interpretada por esta bella actriz, pensé que era conveniente releer la novela que había leído hace ya bastantes años y de la cual no me acordaba de mucho en realidad. Por ello a mediados de marzo inicie su lectura y debo reconocer que me ha costado bastante terminarla.

No recordaba que en esta novela Tolstoi fuese un filósofo tan obtuso y repetitivo. Es posible que en mi primera lectura haya pasado muy por encima todas esas partes filosóficas sin prestarles mayor atención, y me hubiese enfocado exclusivamente en la historia particular de los personajes principales que es en realidad exquisita.

En esta ocasión, sin embargo, he leído con algo más de detenimiento todas sus apreciaciones en torno a la filosofía de la historia, las que, aun cuando puedan responder a una preocupación teórica real del autor en torno al papel de la voluntad de los pueblos en el devenir de los hechos históricos de que se ocupó en su novela, en desprecio de la voluntad sola de unos pocos hombres supuestamente geniales como Napoleón, Alejando I o Kutúzov, no me parecieron explicadas de forma afortunada, con la claridad y rigor necesarios, sino que me pareció que se hizo más bien de forma desordenada y pasional, con el propósito interesado de mostrar a Napoleón como un ser patético e insignificante.

Personalmente no me importa que se hable bien o mal de un personaje histórico, pero sí creo que no era para nada necesario hacerlo de esa forma tan extensa y repetitiva al narrar las batallas y movimientos de tropas que supuso la invasión napoleónica de Rusia. Y es que la concepción filosófica de la historia de Tolstoi, cuyas líneas principales han sido resumidas como de fatalismo providencialista, nihilismo decadentista y totalitarismo anti-individualista, solo tiene importancia al narrar los grandes hechos históricos de su novela: las batallas de Austerlitz y Borodino, el incendio de Moscú y la retirada de las tropas francesas de Rusia; pero no tiene en realidad ninguna relevancia cuando se narra la forma como esos grandes hechos históricos afectan la historia particular de los personajes principales.

La historia particular de los personajes principales me pareció, como dije, exquisita. A medida que avanzaba en su lectura me fui acordando de que la primera vez que leí la novela, el personaje de Natasha no me había gustado mucho. Recordé que en aquella ocasión me pareció inmadura y vanidosa en exceso, y que lamenté que Tolstoi la hubiese hecho así. En esta ocasión, sin embargo, me pareció un personaje extraordinario, y me resultó admirable la forma como Tolstoi logra destacar la belleza de la intuición femenina de su personaje. Natasha no es una mujer de fuertes costumbres religiosa como Maria, ni tampoco una de moral relajada como Helena, sino una mujer intuitivamente honesta con sus sentimientos y pasiones, para bien y para mal. Es como es, y ello resulta de una belleza extraordinaria.

Pierre, por su parte, que lo recordaba como el personaje principal de novela, en esta oportunidad cedió su puesto a Natasha. Pierre es un intelectual que pasa por diversas experiencias iniciáticas no muy exitosas en términos generales. En mi opinión, no hace muy buena pareja con Natasha, lo que hizo que el libro, a pesar de estar repleto de historias de amor, no me pareciera muy romántico en el sentido cursi del término, en la medida en que no es un aspecto por el que uno haga mucha fuerza o se le preste tanta atención como, por ejemplo, en una película romántica.

Pierre y Natasha, así como Maria y Nicolai, no son parejas que estuviesen destinadas a estar juntas y hubiesen superados todos los obstáculos que encontraron en sus caminos. La novela, en mi opinión, muestra el amor de pareja de forma diferente, más palpable en los hábitos que en las pasiones. En las escenas descritas en el epilogo de la novela creo que se puede apreciar esto en especial.

Por último, manifestar mi insatisfacción con la edición Booket de Planeta que leí, cuyas últimas 250 páginas se deshojaron completamente en mis manos. Si bien se trata de una edición económica del año 2003, no creo que sea mucho pedir que por los menos aguante dos lecturas. Estos libros tan extensos tienen que editarse bien, porque si no terminan siendo ediciones desechables.

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