La luz difícil, de Tomás González

La luz difícil, de Tomás González es un libro muy corto, y yo creo que se debe ser mas exigente con los libros cortos. Este, en particular, me pareció que, aunque bonito, es demasiado simple, demasiado ingenuo, para el doloroso y complejo tema que pretender tratar.

El libro resulta bonito por la prosa fluida del autor. Está bien escrito y se nota que Tomás González se esmera en la selección de las palabras. Pero esta musicalidad del lenguaje no logra transmitir, en mi opinión, con éxito y verdad las pasiones y sentimientos de los personajes.

Lo que sucede, es que a pesar de tratar el libro un tema tan palpablemente doloroso como es la muerte de un hijo al optar este por el suicidio asistido, la historia se nos cuenta diluida por el tiempo, utilizando como personaje narrador a un padre, que escribe 20 años después de los hechos, ya anciano y “desapegado de los asuntos del mundo del bípedo implume”, y cuando la pena que producen estos recuerdos en su corazón se ha secado.

En mi opinión, esta propuesta narrativa hizo que La Luz difícil me pareciera finalmente un libro desapasionado, bonito pero simple, intencionalmente descafeinado. No de mi gusto. Y es chistoso, puesto que el texto que está en la contraportada de este libro promete exactamente lo contrario: “Esta potente y emotiva novela…”, “Aquí las palabras y los silencios son igual de intensos.” 

Esta novela no es ni potente ni emotiva ni intensa. Lo que es, es bonita. Y bonita de una forma que no deja de ser interesante, al tratarse de la forma como un anciano recuerda un momento doloroso de su pasado que con el paso del tiempo ha adquirido una gran belleza como simple testimonio de vida.

Sin embargo, creo que esta simplicidad de la novela no se ajusta para nada con la complejidad del tema escogido: el suicidio asistido en los Estados Unidos. Y la complejidad aquí no es solo de moralidad práctica, dentro de ese extraordinario contexto planteado de unos padres y familiares que respetan y apoyan la decisión de su hijo de morir; sino también jurídica, al plantear la necesidad de desplazarse desde Nueva York hasta Portland para poder optar por esta solución.

Este complejo tema, que tuvo recientemente gran relevancia con el caso de Brittany Maynard, quedó claramente por fuera del esfuerzo narrativo realizado el autor al escribir esta novela, dando como resultado que el tratamiento que se le da a este tema sea básicamente inexistente.

Por qué elegir entonces el complejo tema del suicidio asistido, si en la novela no se va a tratar en realidad el mismo.

Y es que, por la manera en que el autor habla aquí del dolor familiar que produjo este episodio y de la forma como este se recuerda 20 años después, parece que hubiera podido elegir cualquier otra experiencia dolorosa, desde la muerte de la esposa (que pasa desapercibida) hasta la muerte de una mascota, y el resultado narrativo creo que hubiese sido estéticamente el mismo.

No había razón por tanto para elegir un tema como este, que desde el principio se presta para la controversia moral y jurídica, pero que sin embargo eran aspectos que tenían sin cuidado al autor. Y si a todo esto agregamos que el libro es muy corto, su lectura, aunque agradable, resulta poco satisfactoria.

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