La obra, de Émile Zola

Da gusto en realidad encontrar una edición como esta de La obra de Émile Zola, de Debolsillo. No solo esta muy bien lograda técnicamente, con una muy buena traducción de José Ramón Monreal, sino que también viene acompañada de un extraordinario prólogo (que en realidad se debe leer al final) de Ignacio Echavarria, con el que se terminan de comprender no solo las grandes cualidades y méritos de la novela, sino también y de manera muy específica además, las relaciones que hay entre la vida de Zola y su novela, quedando claramente explicado el por qué se afirma que es esta su novela más autobiográfica.

De Zola había leído únicamente su pequeña novela La taberna, que me gustó bastante por su excelente y progresiva narración de la miseria humana. Por leer algo más de este escritor que tanto me había gustado, compre La obra, que me atrajo porque trataba de los procesos de creación artística, y no tanto porque fuera su novela más autobiográfica, aunque la narración de esos procesos creativos, con los problemas y aspiraciones que viven día a día los artistas, obviamente, no deja de ser también un componente autobiográfico.

Lo primero que me gustó de la novela fue su ambiente bohemio, que me recordó la opera de Puccini. Rápidamente nos encontramos ante un grupo interesantísimo de artistas, que luchan de diferentes maneras, según sus personalidades y sus ambiciones, para sobrevivir o destacar en el París de la época.

Junto al pintor Claude Lantier, que es el personaje principal, está el escritor Pierre Sandoz, el arquitecto Dubuche, los también pintores Fagerolle y Gagnière, el escultor Mahondeau y el periodista Jory. A este grupo se une un muy interesante personaje femenino, Irma Bécot, pequeña cortesana que pasa por las manos de varios del grupo, y se complementa con un par de comerciantes de artes con diferentes estrategias u opiniones comerciales, y un gran pintor veterano, Bongrand, que hace las veces de padre bondadoso de los jóvenes artistas.

A través de este completo entramado de personajes, Zola, utilizando como contexto el nacimiento de un nuevo movimiento artístico denominado plein air, nos cuenta los problemas internos y externos con los que se enfrentan este grupo de jóvenes artistas, y en especial, el talentoso y genial pintor Claude Lantier.

Los problemas externos están relacionados con las dificultades que se presentan para que una nueva propuesta estética logre ser reconocida por una supuesta academia oficial, a través de la lucha contra los prejuicios de artistas menos talentosos pero ubicados en puestos de poder que utilizan para rechazar las nuevas obras; o, lo que es peor, a través de patéticas componendas con estos mismos artistas para que sus obras sean finalmente seleccionadas, pero a costas de ir perdiendo ellos mismos identidad y dignidad.

La excelente descripción de los cuadros del Salón de los rechazados, así como de los restantes cuadros que componen la novela, en la que se destacan los valores que caracterizan la nueva propuesta estética; y la extraordinaria narración de las gestiones realizadas por Fagerolle para que el cuadro del niño muerto de su amigo fuese finalmente aceptado en el Salón, constituyen el grueso en esta parte de la novela.

Por su parte, los problemas internos tienen que ver con las dificultades del artista para crear y terminar su obra. En el caso de Lantier la cosa va incluso más allá, por cuanto se trata ademas de lograr ser el artistas que el nuevo movimiento reclama como líder, para fijar los postulados la nueva estética.

Lantier fracasa dolorosamente en ambos cometidos. Este aspecto es, indudablemente, lo mejor de la novela. Ver como un pintor en realidad genial y talentoso es incapaz de plasmar en su obra, en sus pinturas, todo lo que él sabe que es capaz de crear, resulta en verdad acojonante.

Y no se trata solo de la permanente e inevitable insatisfacción del artista con su obra culminada. No. Aquí se trata es de la lucha que tiene lugar durante el proceso mismo de creación. Una lucha sin cuartel del genio consigo mismo, del artista contra la naturaleza, como nos dice Zola en una de las citas de las notas preparatorias que nos trae el prólogo, para crear una obra de arte con el “esfuerzo de sangre y de lágrimas para dar su carne”, y en la que sin embargo siempre resulta vencido.

Dentro de esta lucha, ademas, juega un papel especial el personaje femenino de Christine. La novela nos cuenta la historia de amor entre Lantier y Christine, quienes se casan y conforman una familia y tienen un hijo. En la familia, sin embargo, la labor artística del Lantier está siempre por encima del hijo, e incluso, como vemos al final, también de Christine.

El amor de Christine no es suficiente para Lantier; ni Christine, a traves de su amor, logra encausar debidamente las ambiciones del artista. Esto es algo que está muy bien contado en la novela, en la que junto a la lucha interna de Lantier por concretar su obra, se nos cuenta también la lucha de Christine por recuperar a su esposo de la obra, de la Mujer Desnuda incluida por Lantier en su obra, que alguna vez fue ella misma, pero que pronto dejó de serlo para dar paso a esa otra.

Para Christine, la obra resulta siendo esa otra mujer que le está paulatinamente quitando su marido, a pesar que la vemos hacer muchas concesiones e implementar estrategias para acercarse de alguna manera a Lantier. Sin embargo, fracasa ella también en su cometido, y finalmente, esa otra, la obra, termina recuperando y matando a Lantier. Extraordinario.

Otra cosa que me gustó de esta novela, es la gran plasticidad de las descripciones que hace Zola de las pinturas. Son varios los cuadros que nos describe y de todos ellos se hace uno una idea muy precisa de como son. El cuadro de la mujer desnuda con el caballero de la chaqueta de terciopelo, el gran cuadro de la vista de París desde el Pont des Saints-Pères, y finalmente el cuadro del niño muerto, son todos narrados con tal detalle y plasticidad, que pareciera que esta uno viendo en realidad la pintura.

En fin. La obra, de Émile Zola, es una excelente novela.

Pude constatar, por último, que ambas novelas que he leído de Zola pertenecen al conjunto de Les Rougon-Macquart, a la linea familiar de clase baja Macquart, y ambas me han gustado bastante, por lo que creo debería programar la lectura de la primera de las novelas que conforman dicho grupo, La fortuna de los Rougon, y empezar a leer este grupo de novelas seriamente.

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