Maxim Vengerov y Vag Papian, en el Teatro Mayor

El pasado viernes 17 de octubre de 2014 fui a escuchar en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, al violinista ruso Maxim Vengerov, quien estuvo acompañando durante casi la totalidad del concierto por el pianista (y director de orquesta) armenio Vag Papian.

El concierto fue extraordinario. No solo por la calidad de los interpretes, que es asombrosa, sino también por la seriedad, variedad, extensión y forma muy amena de llevar el programa musical escogido.

En la primera mitad, como nos decía el programa de mano, escuchamos “dos obras fundamentales del repertorio de cámara”: la Sonata en La mayor de Franck, y la Sonata No. 1 en Fa menor de Prokófiev.

Me lamenté por los cachacos que tienen problemas para llegar a tiempo a los conciertos, y más al Teatro Mayor que queda bastante retirado. Su impuntualidad les costaría perderse íntegramente una gran sonata como la de Franck. Sin embargo, el concierto no empezó a tiempo, y antes de la salida de los artistas la fundación organizadora del concierto nos despachó dos discursos y un vídeo, por lo que la gente tuvo más que tiempo suficiente para llegar.

Me pareció excelente la interpretación de ambas sonatas. Me gustó más la de Franck, por serme más conocida, pero creo que los artistas disfrutaron más interpretando la de Prokofiev, que es más oscura y compleja. Fue una primera mitad de concierto larga y seria, luego de la cual quedé con una sensación de plena satisfacción musical: Ya podía volver a casa, no era necesario escuchar nada más.

La variedad y amenidad de la segunda mitad, sin embargo, hizo muy buen contraste con la seriedad y plenitud de la primera. Fue una segunda parte conformada exclusivamente por piezas cortas, de esas que normalmente se tocan como ñapa al final de los conciertos (encores).

Tocaron como 14 piezas de estas, de las cuales dos fueron para violín solo (el Capricho No. 24 de Paganini y la Sonata No. 3 de Ysaÿe).

Para violín y piano, seleccionaron piezas de grandes violinistas como Fritz Kreisler (Liebesfreud y Schone Rosmarin) y Henryk Wieniawsky (Leyenda), y arreglos de grandes violinistas a piezas escritas originalmente para piano por conocidos compositores como Brahms (las Danzas húngaras número 1, 2 y 5, arreglo de Josep Joachim), Dvorak (Danza eslava No. 2, arreglo Kreisler) y Saint Saëns (Estudio en forma de vals, arreglo de Ysaÿe).

Tocaron ademas el Scherzo en Do menor de la Sonata FAE de Brahms, algo de Fauré, creo, que no recuerdo (fue una de las que no estaban en el programa), y, la que fue la última ñapa del concierto, la meditación de la opera Thaïs, de Jules Massenet.

Antes de cada interpretación, Vengerov explicaba algún detalle o contaba alguna anécdota sobre la pieza o el compositor. Contó, por ejemplo, la historia de Kreisler y Rachmaninov en Carnegie Hall, en la que Kreisler, a quien dizque no le gustaba nada ensayar los conciertos, se pierde durante la interpretación de una obra. Le pregunta entonces a Rachmaninov que donde estaban (where are we?), que por que parte iban, y este le contesta que en Carnegie Hall.

Vengerov tocó todo el concierto sin usar partituras. En ocasiones me pareció que miraba la partitura para el piano por encima del hombro de Papian. No se en realidad si esto sea algo que sirva, pero por lo extenso del programa, tocar todo de memoria, me pareció asombroso.

Al final de esta segunda mitad, tenía las manos cansadas de aplaudir y una gran sonrisa.

En fin. Fue en realidad un concierto extraordinario. En verdad memorable. Lastima que la asistencia de público no haya sido un poco mejor.

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