Naturaleza, amor y vida, con la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia

El viernes 25 de abril fui a escuchar y a observar a la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia en el Auditorio Fabio Lozano de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. La última vez que los había visto fue a finales de febrero en el Teatro Mayor, en el montaje de Emilio Sagi de la zarzuela Luisa Fernanda, en donde fueron lo mejor de la noche.

Iba pues con ganas, y el programa que ofrecían resultaba interesante. La primera mitad se componía de las tres oberturas de Dvorak: En el reino de la naturaleza, Op. 91, Carnaval, Op. 92, y Otelo, Op. 93. La segunda la conformaban el estreno latinoamericano de Mithra, obra para orquesta del compositor contemporáneo Behzad Ranjbaran, y el poema sinfónico Los pinos de Roma de Respighi.

En atención a lo extenso del programa, supuse que Mithra debía de ser una obra más bien corta. Sin embargo, en el programa de mano la presentaban como compuesta por cinco movimientos diferenciados: Largo cantábile, andante, allegretto maestoso, allegro con brio y, otro largo cantábile. Como quien dice, una sinfonía de grandes dimensiones.

Luego, en las notas al programa de mano, firmadas por Fernando Toledo, director de la emisora de esa misma Universidad en cuyo auditorio nos encontrábamos, y que fallecía ese mismo día del concierto, se nos explicaba que se trataba de una obra dividida en tan solo tres secciones, por lo que quedé un poco confundido con eso de los cinco movimientos.

Después de su audición resultó que Mitrha es una obra de corta duración, compuesta, como nos dice su autor en su página web, en un solo movimiento continuo con tres secciones interrelacionadas.

Pero confundido como estaba por no saber en realidad qué tan extensa era la obra cuyo estreno absoluto en Latinoamérica íbamos presenciar, cuando el director invitado, Andrés Franco, antes de empezar el concierto, anunció un cambio en el programa consistente en la exclusión de la obertura Op. 91 y el cambio en el orden de interpretación de las dos restantes, con Otelo de primero, supuse que era porque se les había ido la mano en la conformación del programa haciéndolo demasiado extenso, y que por eso les tocó sacar algo.

Lamenté y me pareció extraño que la excluida hubiese sido En el reino de la naturaleza, teniendo en cuenta que el titulo del concierto era Naturaleza, amor y vida, que son las palabras con que Dvorak tituló al grupo de estas tres oberturas, correspondiendo esta que sacaron a la naturaleza, Carnaval a la vida, y Otelo al amor.

Me hubiera gustado escuchar, como aparecen en muchas grabaciones, las tres oberturas seguidas. Creo que el concierto no hubiese sido en ningún caso intolerablemente extenso, y hubiese sido más completo. En fin, que el programa como estaba originalmente concebido era mejor y muy bueno.

De estas tres oberturas, la que más me gusta es Otelo, y en ella me pareció que la orquesta y la dirección estuvieron muy bien. Con Carnaval me sucedió lo que me sucede a veces en este auditorio en el que se llevó a cabo el concierto, que creo es acústicamente muy pequeño para albergar ciertas obras con grandes arrebatos orquestales: suenan tan duro que me impiden disfrutarlas completamente.

Luego del intermedio vino el estreno latinoamericano de Mitrha, obra que a pesar de ser contemporánea, me pareció de una belleza y seriedad muy romántica, o neo-romántica, como sugería el programa de mano. En la primera sección la flauta tiene un espectacular protagonismo concertante de histriónica dificultad. Me gustaría poder escuchar nuevamente esta obra, pero no he encontrado grabaciones de ella en la web. Existen sí grabaciones de otras composiciones que habré de ir escuchando para irme familiarizando con el sonido de este compositor contemporáneo que, por lo menos en esta obra, no suena tan contemporáneo.

Finalmente, tocaron Los pinos de Roma de Respighi. El director hizo algo que ya había visto en este mismo escenario con esta misma obra, y es colocar la segunda sección agregada de metales para la conclusión del movimiento final, distribuida en pares en la parte posterior del escenario donde también hay asientos para el público. Esto, junto con el abandono del escenario de la trompeta en el segundo movimiento, caminando con cuidadito para no tropezar con nadie, y tocar ese bello tema distante; así como la grabación de los pajaritos al final del tercer movimiento, que me pareció colocaron muy alto, dieron a esta obra un aspecto muy moderno e interactivo.

En conclusión, el concierto me gustó bastante. Me pareció que el director y la orquesta estuvieron muy bien. No recuerdo realmente si había visto antes a este joven director colombiano, Andrés Franco. Con todo, me pareció muy interesante que eligiera interpretar una obra contemporánea, estreno absoluto en Latinoamérica, en cuya dirección se vio muy seguro con la orquesta.

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