Firmin, de Sam Savage

Dos cosas se leen recurrentemente en la web sobre esta novela. Uno, que es un libro que incita a leer, esto es, que al estar preñado de interesantísimos comentarios sobre autores, libros, problemas de escritores, etc., resulta irresistible para cualquiera que tenga algún interés por la literatura. Y dos, que nos permite percibir con real crudeza cosas como, dicen, la soledad del lector, o comprender “las virtudes redentoras de la lectura“, las que serian de tal naturaleza que liberarían incluso a una rata.

Las novelas sobre literatura están de moda. En ellas el personaje principal es normalmente un escritor, o un editor, o alguno otro que tenga algo que ver con el mundo de la literatura. Y en ellos estos sujetos se enfrentan a problemas propios del mundo literario, como aquello referentes al proceso creativo de de la obra literaria.

Firmin encuadra perfectamente en este tipo de novelas, o por lo menor algunas partes de ella. El inicio, en el que Savage trata el problema de los comienzos, es ejemplo suficientemente evidente de lo dicho, y, en mi opinión, uno bastante ordinario. Luego cuando entra en escena el escritor de ciencia ficción Jerry Maggo, este aspecto mejora un poco, sobre todo en el aspecto creativo, pero sin llegar a ser nada especial.

En mi opinión personal, Firmin sería un ratoncito mucho más extraordinario si su experiencia, la que nos cuenta Savage en su libro, fuese producto de su condición de simple lector, y no también producto de su deseo irreprimible de escribir. Lo anterior, creo, también puede ser puesto en términos de estilo narrativo, y decir que a Firmin, el ratoncito, le hubiese ido mucho mejor como simple personaje que como narrador-personaje. Un narrador omnisciente hubiese dado buena cuenta de su particular e interesante forma de vivir la literatura, sin necesidad de caer en esos bastante trillados clichés de escritores frustrados.

Volviendo al cuento de los principios. Un libro que empieza hablando de la forma cómo empiezan los libros, nunca, en ningún caso, va a poder tener un mejor comienzo que aquellos que empiezan de una vez y bien. En mi opinión, un comienzo lo máximo que puede ser es ser bueno, y es importante que lo sea; pero un buen comienzo nunca llegara a ser será extraordinario por méritos propio sino sólo en virtud de la novela que le siga.

Otro tema, recurrente también en las novelas de escritores, tanto en las buenas como en las malas, es el de hacer crítica literaria. Firmin incurre también en esto, y aun cuando en términos generales lo hace bien, hubo un aspecto que no me gusto. Está bien que este ratoncito nos diga que este o aquel autor es “de los grandes”, pero despachar a una escritora diciendo que las páginas de su libro saben, ya ni recuerdo a que, es una cursilería que me parece inaceptable.

Lo mejor de Firmin, del ratoncito, está en su faceta de lector, en la que lo vemos enamorarse de un escritor solo a través de la lectura de su novela; o soñar, no luchar, soñar que lucha con molinos de vientos. Firmin, para mí, en su muy particular naturaleza de rata que puede leer, representa bien la soledad de la experiencia habitual de lectura, aquella que hacemos todos nosotros por nuestra propia cuenta, sin tener en muchas ocasiones con quien compartir lo leído.

Finalmente, el resto de la novela, que por la nota final podría plantearse como la historia de la plaza de un barrio de Boston, aunque por momentos interesantes, no me gustó mucho en términos generales.

En fin, que creo que esta novela ha generado más bulla de la que en verdad se merece.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s