Lo que el viento se llevó, de Margaret Mitchell

Lo que el viento se llevó fue la primera y única novela de Margaret Mitchell, quien murió joven arrollada por un carro. Que la opera prima de un escritor tenga casi mil páginas es signo inequívoco, en mi opinión, de una gran ambición. Esta ambición desmedida fue lo primero que pude percibir al iniciar la lectura de este libro, del que, inclusive, según dicen, Margaret Mitchell no desperdiciaba oportunidad para decir que sería “la gran novela americana”, lo que, indudablemente, me parece desacertado.

Así las cosas, lo primero que puedo decir de esta novela es que se trata de obra pretenciosa. Esa pretenciosidad, que reluce en muchos aspectos a lo largo de la novela, como en el tratamiento narrativo que le da a la guerra civil gringa, y que se nota de forma mucho más evidente en su extensión, termina, en mi opinión, jugando en contra de la novela misma. En otras palabras, que creo que esta novela hubiese resultado mucho mejor si en su escritura hubiese habido más humildad. Y no me refiero solo a una extensión más adecuada, aunque creo que es claro que el libro se excede, por mucho e innecesariamente, en este aspecto; sino también a ese dejo de superioridad moral con el que esta señora nos narra hechos históricos de gran complejidad.

Este aspecto, que en mi opinión vendría a constituir el gran defecto de la obra, es comúnmente minimizado sosteniendo que esta novela es una novela romántica, y no una novela histórica. Supuestamente, la historia de amor entre Rhett y Escarlata es lo más importante de la novela, y es por ello que Lo que el viento se llevó resulta un libro imprescindible para aquellos “realmente románticos”. Tampoco estoy de acuerdo con esto. Miremos a ver. La trama de esta novela no es compleja, inclusive al final pareciera que todo se reduce a ese gran inconveniente que es el no darse cuenta de las cosas a tiempo. Yo te amaba pero no me había dado cuenta, y ahora que lo sé con total claridad ya tú no me amas a mí. La forma como a Escarlata le sucede esto es lo que la autora nos cuenta en su casi mil páginas.

Escarlata es, en efecto, una niña mimada en extremo que cuando se encapricha con algo, como le sucedió con Ashley, no atiende a razones ni a nada hasta conseguirlo. Además de este defecto, que aun hoy se considera muy propio del género femenino, Escarlata tiene otros dos verdaderamente inexcusables: una total ausencia de empatía o consideración hacia el prójimo y una absurda e ingenua forma de enfrentar los problemas. El primero le permitió casarse sin remordimientos con el prometido de su hermana, entre otras cosas. El segundo, que está claramente expresado en la frase final del libro, consiste en postergar al día siguiente las preocupaciones… “mañana será otro día, mañana pensaré en eso”.

Amar a una persona así no es fácil y entraña problemas, que Rhett quiso sortear de una forma no muy afortunada. Rhett es un personaje, que a pesar de ser presentado como un verdadero modelo de masculinidad (es el único que se folla a Escarlata de forma adecuada), es molestamente ambiguo, por lo menos desde el punto de vista ético. Ahora bien, sus reservas con respecto a Escarlata, aun cuando entendibles, le llevan a adoptar una estrategia no muy sana, que si bien finalmente se muestra exitosa al Escarlata confesarle su amor, lo hace igualmente infeliz. A mí personalmente me pareció ridículo el cambio que con respecto a su comportamiento adopta luego del nacimiento de Bonnie, y esa ida a luchar cuando la guerra estaba perdida para ganar el honor que le hiciera meritorio a los ojos de Escarlata, resulta que al final no era sino para alejarse de ella por despecho.

Pero bueno, frente a la ambigüedad de Rhett, esta la pusilanimidad de Ashley. Su comportamiento, falto de todo, de carácter, termina envolatando aun más a Escarlata que está ella solita metida en su cuento. Ni la rechaza ni se acuesta con ella, un verdadero huevón en definitiva. Claro que está casado con Melania, que viene a ser, en mi opinión, uno de los personajes mejor logrados de la novela. Melania es un personaje coherente, lo que le da mucha fortaleza. Inclusive su muerte, la causa de su muerte, es de un gran calado generando un fuerte impacto literario: quería tanto otro hijo que dio la vida por ello.

Estos cuatro personajes principales están acompañados por muchos otros secundarios que no resultan en general interesantes. Tal vez mamita, la esclava negra de Escarlata, sea el más importante de ellos. Sin embargo, el problema aquí no es tanto del personaje propiamente dicho sino de la forma éticamente pretenciosa como la autora trata el tema de la esclavitud, como si dicha circunstancia no entrañara ningún problema moral aun en aquellos casos en que son tratados como si fueran de la familia.

Hay también en esta novela, en dos momentos en particular, el intento de usar un figura literaria que no sé cómo se llama, y que consiste en hacer que el lector asocie con claridad dos momento o circunstancias muy particulares pero lejanas de la obra, lo que, creo, vendría a darle unidad a la misma. Ambos momentos suceden al final de la novela. Uno es la muerte de Bonnie, en la que Escarlata recuerda a su padre montado caballo. Esto en particular me dio mucha risa porque al principio yo pensaba que el que se iba a matar montado caballo era el propio viejo. Y el segundo es el relativo al sueño de la neblina. Este me pareció bastante forzado, más cuando ni siquiera me acordaba del episodio del sueño original, ese que calmaban los fuertes brazos de Rehtt. En últimas, lo que sucede es que el libro resulta tan extenso que no es fácil la utilización de esa forma de ilación de sentido.

Pero bueno, a pesar de que el libro no me gustó por haberme parecido largo en extremo, eso no significa que el libro sea malo. Por el contrario, creo que la novela, como producto del trabajo ambicioso de su autor, es buena. Sin embargo, sí creo que este es uno de esos extraños casos en el que la película resulta mejor que el libro.

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