El gran Gatsby, de F. Scott Fitzgerald

Qué buen libro este de Scott Fitzgerald. Lo que más me gustó de él fue como utiliza el narrador personaje, o narrador visible o narrador subjetivo. No sé en verdad como se llame este sistema de contar una historia a través de un personaje de la misma historia, pero ello la dota de un complejo trasfondo de carencias e inexactitudes, de opiniones y suposiciones, el cual es propio de los testimonios judiciales, y que a mi particularmente me gustó bastante.

Al elegir este estilo narrativo, Scott Fitzgerald sólo nos puede contar lo que Nick Carraway vio directamente o le contaron, y sólo puede introducir válidamente personajes que hayan interactuado de alguna forma con este sujeto. Así mismo, lógicamente, todo lo que sucede a espaldas de Carraway, que no es poca cosa, no puede ser narrado sin violar este estilo narrativo, y por tanto queda en completo desconocimiento de los lectores.

Es extraordinaria la maestría con que Scott Fitzgerald nos cuenta la historia de Gatsby manteniéndose dentro de estas limitaciones. En ningún momento siente uno que la presencia de Carraway en una escena cualquiera sea forzada por el autor, sólo para podernos contarnos algo fundamental en la historia. Y la única vez que Carraway cuenta algo que no presenció directamente (lo que aconteció con George Wilson luego del accidente), se deja claro, o así me pareció a mí, que dicha información se obtuvo a través de la investigación policial que siguió al homicidio, en especial del testimonio de Michelis.

Pero bueno, a lo que iba es que me pareció sorprendente el uso de esta forma de narrar, y que creo que es sin duda la mejor cualidad del libro.

Ahora, el precio que paga el autor con este riguroso cumplimiento de las reglas del estilo, de contarnos sólo lo que Carraway conoce, es el que la historia necesariamente presente, al final, importantes carencias, y que tenga entonces uno que llenar esos huecos, si quiere hacerse una idea completa de la misma. Y esto es así no solo en relación a la historia propiamente dicha, sino también, y más importante, en cuanto a los personajes.

Sucede que no termina uno de conocer en verdad a los personajes que dan vida a esta historia por cuanto sólo los vemos a través de los ojos de Carraway, quien por su bondad y honradez – nos dice Vargas Llosa – nos los muestra ya absueltos de las censuras que merecen por los acontecimientos de que son participes.

En mi opinión, el carácter parcial de nuestro conocimiento de estos personajes, no se debe solo a la bondad de Carraway, sino al hecho mismo de que los estamos viendo o conociendo a través de un personaje que es también un personaje de la historia, y que por tanto no puede hacer alarde de ningún atisbo de objetividad. Y es que Carraway, creo, tampoco llega a conocer realmente quienes eran estos otros personajes, por lo que en su historia solo puede contarnos lo que de ellos opinaba.

Además, creo que en definitiva nadie nunca conoce completamente al otro, y por tanto, siempre el relato de nuestras propias experiencias con los demás estará afectado de la grave e inevitable subjetividad que es presentar a los demás según nuestra propia opinión de ellos.

Por todo esto, muchas preguntas quedan sin solución en el libro. Tales como si Tom quería vengarse de Gatsby cuando le dice a Wilson quien era el verdadero propietario del carro amarillo, o si solo quería válidamente escurrir el bulto. O cual es en verdad la promesa de amor, si es que hubo una, entre Gatsby y Daisy, que esta finalmente incumplió. O cual es ese negocio turbio en el que Gatsby amasó su fortuna. Todas estas preguntas y muchas más, no tienen una respuesta clara en el libro y es el lector el que debe, si quiere, darle una.

A mi particularmente, las que más me interesaron fueron las referentes a la relación sentimental entre Gatsby y Daisy. El thriller final me pareció menos interesante de lo que a simple vista parece, la vida diaria está llena de estas fatales coincidencias; y el que una fortuna tenga un oscuro origen es la regla general hoy día.

Por el contrario, el amor o la obsesión de Gatsby por Daisy, por borrar su pasado con Tom obligándola a decir que nunca lo había amado, para poder continuar así su bello romance de juventud, me pareció muy bonito, y me parecen fundamentales las preguntas que el relato de Carraway no contesta, y no contesta en parte por cuanto con respecto a esta relación, nuestro narrador se muestra extrañamente reservado.

De la primera reunión de los amantes en su casa no nos dice nada, y al final, luego de la muerte de Gatsby, se toma todo el trabajo de ir donde Wolfsheim, pero no logra visitar a Daisy para poder contarnos por lo menos como está y como tomó la noticia del asesinato de su amante. Daisy es sin lugar a duda una niña rica y mimada, pero ello no significa que no sea importante conocer sus sentimientos en todo este asunto, cosa que Carraway pareciera intencionalmente no querer mencionar a lo largo de la novela.

En fin, todas estas cuestiones indudablemente terminan quitándole fuerza y solidez al libro, que, en este sentido, podría ser mejor. Sin embargo, a mí personalmente, me gustó bastante.

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