El lector, de Bernhard Schlink

Había escuchado algunas cosas de esta obra, de su autor, de la película con Kate Winslet, e incluso de la dificultad de traducir correctamente su titulo al español para dar a entender que el lector aquí no es simplemente el que lee sino el que lee en voz alta, pero fue sólo luego de leer lo que la editorial pone en la contraportada que me decidí a comprar y leer este libro.

Ese pequeño párrafo promocional hace dos promesas que fueron irresistibles para mí. Por una parte, promete una relación erótica basada en la literatura, y por otra, promete lo que sería la visión de un joven alemán estudiante de derecho de los juicios a sus compatriotas nazis.

En mi opinión, sin embargo, esta novela no cumple con dichas promesas. Y no es que no trate estos temas, sino que, al final, es otra la cuestión central, que no es mencionada en la contraportada por no dañar “el factor sorpresa” de la historia, y es la cuestión del analfabetismo. Miremos a ver cada uno de estos aspectos.

En primer lugar, el asunto la relación erótica basada en la literatura, se queda simplemente en la narración de la primera experiencia sexual del personaje principal de la novela (Michael Berg) con una mujer muchísimo mayor (Hanna) que tiene la rara costumbre de que le gusta que le lean en voz alta. La joven edad de Michael le impide, creo, darse cuenta del poder de la literatura como arma erótica, y por ello las sesiones de lectura terminan siendo eso, simples sesiones de lectura totalmente ajenas al erotismo de las relaciones sexuales.

Por su parte, los juicios que se le siguieron a los nazis luego de la guerra siempre han representado un tema de mucho interés en la cultura jurídica, toda vez que los crimines por los que fueron procesados estuvieron en muchas ocasiones amparados e incluso ordenados por el derecho del estado alemán. Que el autor del libro fuese precisamente un juez alemán y el personaje principal un estudiante de derecho, prometían en verdad una visión interesante de esta cuestión jurídica. No fue, sin embargo, este el caso, sino uno muy diferente.

En efecto, con toda esa parafernalia del juicio a Hanna (que resulta haber sido una guardiana de un campo de concentración), el autor nos muestra, en mi opinión, es la conducta de quien no puede defenderse en juicio por no saber leer. Este tema, profundamente jurídico también, es el que mueve a Michael a interesarse por la conducta tomada por Hanna durante el juicio, que algunos confunden con orgullo, y le lleva a descubrir su secreto: que no sabe leer.

Desde el momento en que se revela el verdadero tema del libro, la novela se nos vuelve, en mi opinión, tristemente simple. El analfabetismo es una de las peores limitaciones que una persona puede sufrir no solo hoy día, sino desde hace ya muchos años. Por ocultar su analfabetismo una persona puede enfrentar situaciones de crudeza y vergüenza de una magnitud inmensa y sufrir desgracias o ser objeto de la hijuputencia humana en la más sencilla de las labores diarias. Y digo que se nos vuelve simple porque, a pesar de esto, del gran carácter dramático ínsito en un personaje analfabeto, en la novela no sucede nada que explote esta circunstancia y que únicamente se pueda explicar como producto de dicha situación.

El hacerse leer libros en voz alta, más aun dentro de una relación de pareja, es un placer exquisito difícil de relacionar con el analfabetismo. Ahora, durante todo el tiempo que duró la relación entre Hanna y Michael, el único momento de tensión por esta circunstancia sucede cuando Michael le deja una nota a Hana que esta simula nunca haber recibido. La cuestión resulta en una pelea de pareja bastante estúpida. Así mismo, la súbita desaparición de Hanna y su comportamiento durante el juicio, más que producto de su analfabetismo, lo entendí como la conducta normal del criminal de guerra Nazi prófugo de la justicia.

Ahora, es claro que durante todo el tiempo Hanna se esmera por ocultar su condición, y puede por tanto que todo lo anterior no sea sino la prueba de que tuvo éxito en su propósito. Sin embargo, no creo que esta sea la interpretación correcta. La cuestión aquí no es si Hanna se comporta como una analfabeta en las circunstancias en las que la coloca el autor, sino que, en mi opinión, el autor no coloca a Hanna frente a las circunstancias que realmente enfrenta un analfabeto en su vida diaria. En últimas lo que sucede es que quien oculta el analfabetismo de Hanna no es Hanna sino el autor, y eso así no funciona muy bien.

Pero bueno, y más allá de lo mencionado, la novela es muy buena, con un estilo fácil y agradable de leer y un final bastante sorpresivo que nada tiene que ver con el analfabetismo.

2 comentarios en “El lector, de Bernhard Schlink”

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