El reino de este mundo, de Alejo Carpentier

A Alejo Carpentier, escritor cubano nacido en 1904, siempre lo había tenido, porque así me lo enseñaron o dijeron por ahí, como el precursor del boom latinoamericano y específicamente del realismo mágico. No sabía a ciencia cierta por qué. La única obra que de él había leído, su pequeña novela El acoso, si bien me pareció muy buena e interesante por el tema de la música y la sinfonía Heroica, no me recordaba en nada la obra de García Márquez, que es lo que a todo colombiano se le viene a la cabeza cuando le hablan de realismo mágico o del boom latinoamericano, por lo que aceptaba sin más lo que de él decían sin darle mayor importancia. Además, siempre le creí a García Márquez cuando decía que los escritores que más influyeron en él fueron los gringos Faulkner y Hemingway, cosa que incluso sostienen también muchos críticos.

Sin embargo, luego de terminar de leer El reino de este mundo, me ha quedado claro, no solo que en efecto Carpentier puede ser considerado como el padre del realismo mágico (el prologo de esta novela es muy diciente, más allá de aquellos que diferencian, y es posible que con razón, entre lo real maravilloso y el realismo mágico), sino también que por lo menos la primera parte de esta novela tuvo que haber servido como ejemplo a García Márquez de una forma de narrar la cotidianidad de los pueblos caribeños que a este último le sirvió para ganar el nobel.

Es evidente que García Márquez se sirvió de Alejo Carpentier, y en este sentido, resulta totalmente creíble la historia esa de que García Márquez echó a la basura todo lo que había escrito de Cien años de soledad, luego de haber leído El siglo de la luces de Alejo Carpentier, que tocará leer prontamente.

Pero hablando ya de esta novela en particular, y no de la importancia de la misma para el estilo narrativo de Garcia Marquez o del realismo mágico, creo que es posible decir una cosa que no se corresponden con la gran fama de libro de culto que tiene esta pequeña novela. Tiene que ver con el aspecto histórico.

Más allá de lo interesante y precursor de la forma de contar, no podemos olvidar que se está contando una historia real. Carpentier se esmeró mucho en utilizar personajes reales. Henri Christophe, Lenormand de Mezy, Mackandal, Paulina Bonaparte, etc. Todo ello puede hacernos pensar, equivocadamente, que el propósito de Carpentier era escribir una novela histórica sobre el reinado de Heri Christophe en Haití, y en mi opinión como novela histórica esta obra resulta un completo fracaso. Son más las preguntas que surgen de su lectura, que las que obtienen realmente respuestas, y muchas cosas sólo resultan comprensibles si se conoce de otra fuente la historia de Haití.

Lo que sucede es que no es fácil desarrollar o tratar temas históricos desde el realismo mágico. A no ser que se haga esporádicamente a manera de elementos adicionales a la historia principal, como en Cien años de soledad. Pero cuando la historia principal es precisamente el suceso histórico real se corren riesgos, que hay que sortear muy bien, si se quiere crear una buena novela.

En mi opinión, El reino de este mundo es un libro tan corto, que muy difícilmente puede decirse que trate el tema del rey negro de manera ocasional, a pesar de que en ocasiones da precisamente esa impresión. La primera mitad del libro, en mi opinión la mejor lograda, en la que no aparece Heri Christophe sino sólo como cocinero de un hotel, está centrada en Makandal y la cultura vudú, lo que permite desplegar el estilo mágico de la narración de forma completa. Es verdaderamente exquisita esa parte. Sin embargo, la segunda mitad, cuando ya el autor nos cuenta el gobierno del rey negro, la narración en mi opinión pierde su magia, y tiene que hacer uso de escenas bastante surrealista (como la del negro Solimán con las estatuas de mármol), que poco o nada tiene que ver con la historia, para volver a la calidad perdida.

En conclusión, El reino de este mundo, aun cuando es un libro muy interesante, sobre todo por lo que pueda representar como el origen del realismo mágico, no es completamente bueno. Para ser un libro tan corto, tiene partes bastante regulares, en particular aquellas que se ocupan de la historia de Henri Christophe.

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