Justine, del Marqués de Sade

Justina, o los infortunios de la virtud es, en mi opinión, un texto filosófico bastante regular que, para ocultar su mediocridad, se quiere hacer pasar por novela erótica.

La estructura de Justine, que nos dice la Wikipedia que es similar a la mayoría de las obras de Sade, presenta “dos niveles de contenido: por un lado, una serie de escenas de violencia sexual; por otro, los sofismas de aquellos personajes que protagonizan esta violencia, justificándola”. Se van intercalando así discursos filosóficos con textos literarios de fuerte contenido sexual.

Ahora, el material sexual o erótico de la novela no es para nada malo. Sade da muestra de un gran conocimiento de la materia, y a cada rato nos sorprende con nuevas depravaciones, como el tipo que le gustaba sacarle sangre a las mujeres, o ese otro que solo se acostaba con vírgenes. Pero literariamente esta parte tampoco me pareció gran cosa. Y es que los elementos básicos de las escenas de sexo eran siempre descritos de la misma manera metafórica, que a mi personalmente terminó por aburrirme. Por ejemplo, para referirse al pene o verga, Justine decía algo así como “aquello que los diferencia de nuestro sexo”; y para referirse al sexo anal, decía “profanó el templo que la naturaleza prohíbe”; y así, así, cada vez que se refería a alguna de esta practicas.

Pero donde se nota más claramente el fracaso literario de esta novela es en las partes filosóficas. Según, y en mi opinión ha de ser así, estas partes reflejan el verdadero pensamiento filosófico del Marqués de Sade, el cual sería, dicen, el del materialismo ateo de la ilustración. En su momento, Sade se defendió de esta acusación diciendo algo que en principio es verdad, y es que los personajes de una novela deben no solo actuar sino pensar de acuerdo a su carácter, al del personaje, y en este sentido, si los personajes son libertinos egoístas, pueden y deben fundar sus acciones en argumentos filosóficos del tipo que coloca Sade en su libro.

Sin embargo, este no es el caso de Sade, toda vez que sus personajes, aun cuando todos libertinos, son muy diferentes en cuanto a antecedentes socioculturales, y a pesar de ello utilizan no solo los mismos argumentos, sino que incluso los plantean con las mismas palabras. Así, nos encontramos con que una vil ladrona asaltante de caminos habla igualitico que un sacerdote gran jerarca de una comunidad religiosa. Ello nos muestra que Sade sencillamente se propuso plantear en este libro sus particulares concepciones filosóficas, sin preocuparse de darle solidez a la historia que nos cuenta creando personajes coherentes.

Ahora como libro de filosofía tampoco me convenció demasiado. El postulado que atraviesa esta obra, que se puede presentar como uno de libertad extrema, predica que es mejor el vicio que la virtud toda vez que aquella siempre e inexorablemente somete a esta última. De todos los argumentos utilizados para fundar esta idea, el más recurrente es el que invoca a “la naturaleza”, y dice que el sometimiento del fuerte al débil es justo en cuanto la naturaleza lo permite. Pero bueno, la naturaleza permite cualquier cosa. Ahora, actualmente sabemos, sin embargo, que no es plausible ninguna teoría de este estilo, al no cumplir con parámetros de seriedad académica. Esto hace que las argumentaciones de Sade, antes de iluminarnos filosóficamente, nos den en muchas ocasiones risa.

Y esto es más claro aún si pensamos en el personaje que da nombre al libro y que encarna en él a la virtud. Justine, más que una mujer virtuosa es una mujer ingenua, que si nos la encontrásemos en la vida real no dudaríamos de tildarla de tonta. Ello hace que, por lo menos así me paso a mí, su historia nos parezca a la par ridícula y divertida. A ella le sucede, guardando las proporciones, lo mismo que a Don Quijote, que en su locura (en el caso de Justine en su ingenuidad), siempre que quiere hacer el bien resulta zarandeado y golpeado (en el caso de Justine violada y sodomizada). Ahora, claro está, una historia de esta en la vida real no es para nada divertida, y muy por el contrario, reclama inmediatamente la actuación y protección del Estado. Con todo, en la forma exagerada como la presenta Sade es inevitable que no nos arranque así sea un ligera sonrisa.

Por último, al acercarse el final sucede algo que no es completamente consecuente con el resto de la obra. La hermana de Justine debió haber sido mala y haberla maltratado de alguna forma, por cuanto ella adoptó desde el inicio el postulado filosófico de Sade. Esta excepción hace de por sí que pierda solidez el planteamiento filosófico del resto de la obra. Sin embargo, la muerte de Justin por un rayo enviado por la naturaleza (o por Dios), pone un broche maestro a una obra que no lo es tanto. La naturaleza (o Dios) colocó en esta tierra a Justine para que sufriera todos los males posibles, y una vez se vislumbró un atisbo de felicidad en su vida, ella misma (o Él mismo) le puso fin. Que naturaleza (o Dios) tan cruel.

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