La vida breve, de Juan Carlos Onetti

Es poco lo que he leído de Onetti. Casi nada a decir verdad. Tan solo un par de relatos cortos (El pozo y Para una tumba sin nombre) que encontré dentro de una antología de escritores latinoamericanos, donde, debo decirlo, pasaron desapercibidas al lado de los textos de Borges y de Cortázar. Sin embargo, según la pequeña reseña de presentación, las obras de Onetti eran importantes porque presentaban el mundo de Santa María, una ciudad de ficción creada por Onetti en sus escritos, como lo fuera Macondo por García Márquez.

Ahora bien, aun cuando estas dos obras de Onetti no me sorprendieron gratamente, me quedó la sensación que las mismas habían sido muy cortas, y que por tanto no eran suficientes para evaluar al autor. Por ello no dude en comprar la novela La vida breve apenas la vi en una de esas promociones de pague dos y lleve tres que hace en ocasiones el grupo Santillana con sus libros de Punto de lectura. Pero además, y más allá de sus más de cuatrocientas páginas, lo que garantizaba un buen rato de lectura, el libro me era interesante por cuanto lo presentaban como una de las grandes obras del autor, que había, cosa rara, obtenido fama casi que inmediatamente, siendo valorada por sus primeros lectores como una obra maestra. Hoy día se valora más, creo, El astillero. Por último, y para terminar de decidirme, en ella aparecía también la ciudad imaginaria de Santa María.

Pues bien, inicie así mi lectura de La vida breve, y la experiencia ha sido afortunada, pero no absolutamente gratificante. Lo primero que debo decir es que este libro, aun cuando es en principio un poco enredado, lo que crea la expectación de ver cómo termina el autor la historia: si la desenreda o la enreda aun mas confundiendo los personajes; tiene un final algo decepcionante y hasta cierto punto obvio.

Una de las cosas mejor logradas es el personaje de Brausen, y sus alter egos (o sub egos, no sé) el doctor Díaz Grey, en el mundo irreal de Santa María, y Arce, en el mundo real pero al mismo tiempo falso de su relación con la Queca y que se ubica en el apartamento de al lado. Ambos personajes son creaciones intencionales de Brausen y tienen explicaciones más o menos convincentes dentro de la historia.

Díaz Grey inicialmente es un personaje de un guion de televisión que le pidieron que escriba y Arce es la herramienta mediante la cual puede introducirse en ese mundo de al lado, el cual solo podía escuchar a través de la pared pero nunca observar ni mucho menos participar en él.

Sin embargo, rápidamente estos sub personajes empiezan a cobrar protagonismo y a exigir cada vez mas y mas cosas del personaje principal, hasta el punto de poder decir que aquellos absorben a este. Y es que durante la novela suceden u ocurren dos grandes expediciones o búsquedas: la primera en la que participa Diaz Grey junto Elena y de la que no sabemos mayor cosa sino que están buscando a alguien, y la segunda la que protagonizan Arce y Ernesto huyendo de la justicia por el asesinato de la Queca. Ambas expediciones pueden ser entendidas, y de hecho creo que lo son, como formas que el personaje Brausen encontró para huir de su real realidad, aquella en la que a su esposa le ha sido mutilado un seno y lo ha abandonado y en la que también ha perdido su empleo.

Ahora, para mi es claro que la huida de Arce y Ernesto es siempre hacia Santa María. Si bien Brausen quiere hacernos creer que lo único que está haciendo es ayudando a aquel que hizo lo que él hubiese podido hacer también, lo cierto es que quiere abandonar este mundo para meterse en el creado por él. Con todo, al final, según mi propia interpretación, la justicia igual los alcanza en la plaza mayor de Santa María.

La historia del doctor Díaz Grey es en mi opinión mucho más complicada, y no solo por el final. En un primer momento me pareció que lo que estaba tratando de hacer Brausen aquí era crear un mundo paralelo al suyo donde uno pudiese encontrar correspondencias claras entre los distintos personajes reales e imaginarios. Incluso en algunos casos, este Brausen mismo hizo explicitas estas equiparaciones. Así, en mi opinión, Elena era su esposa, y la muchacha del violín seria la hermana de ella. Con todo, no creo que esta forma de interpretar la historia sea correcta. Para empezar, ni siquiera Díaz Grey puede en mi opinión interpretarse como una idealización de si mismo que hiciese Brausen, y que para su mayor tranquilidad lo hubiese instalado en una ciudad imaginaria.

Lo que ocurre, tal vez, es un desbordamiento del momento creativo del escritor, en el cual la ficción creada, esto es el guion de televisión que escribe Brausen, se va comiendo y devorando la realidad real. Así, el personaje real, esto es Brausen, va teniendo cada vez más la necesidad de saber que está ocurriendo con el personaje inventado, esto es el doctor Diaz Grey, aun cuando no sea en ese momento objeto de su trabajo creativo. Esta forma particular de mostrar la literatura me parece extraordinaria, sin embargo al llevar la historia hacia un final, me pareció que la misma iba perdiendo su brillantez.

El final de la historia del médico sencillamente no lo entendí. Por una parte me sorprendió que Onetti haya terminado el libro con un dialogo entre los personajes inventados y no con los reales, y por otra me sorprendió que terminase dirigiéndose a la mujer que toca el violín y que los ayudó en sus últimos pasajes, en segunda persona. Creo que así como el final de la historia de Arce se ubicó en la plaza de Santa Maria, con lo que podemos decir que Brausen efectivamente llegó al sitio que el mismo creó, era necesario algo en la historia del doctor que lo relacionase con su creador, con Brausen. Es posible que esté ese elemento y a mí se me haya pasado por alto, pero de haberlo, el mismo no fue tan claro como en la historia de Arce y Ernesto.

Pues bien, La vida breve es una buena novela, no tan entretenida por sus complicaciones, pero con elementos que me parecieron de gran calado literario. El final sin embargo me pareció algo decepcionante.

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