El bello verano, de Cesare Pavese

Luego de escribir sobre El señor de las moscas, hacerlo sobre esta pequeña obra de Pavesse parece algo sencillo. Empecemos diciendo que llegue a este autor por algunas referencias que encontré de él en un foro sobre literatura italiana, en donde lo mencionaban junto a Calvino, Baricco y otros muchos más. Me llamó la atención un vídeo que colocaron donde se leía uno de sus poemas, el cual, en italiano, resultó de una belleza conmovedora. Por ello me decidí a leer algo de la prosa de él, en donde supongo que la belleza del lenguaje perderá un poco menos con la traducción.

En El bello verano se nos cuenta la historia de una adolescente de 16 años que descubre el amor, o por lo menos el sexo, con todas sus más íntimas incidencias. Sorprende, sin embargo, lo ingenuo e irrelevante que resulta la cosa. En una prosa fácil, Pavese nos coloca dentro de la mente de una niña de 16 años, cuyo bello nombre es Ginía, y nos cuenta la historia del primer amor de ella, pero sin darle mayor importancia. Los hechos narrados se suceden con una simplicidad pasmosa, casi vana, pero de gran belleza. Es posible, tal vez, que así sea precisamente como Pavese concibe el amor adolescente e inmaduro, supremamente bello pero sin mucho contenido o trascendencia.

Ahora bien, la historia se rodea de un ambiente bohemio, el cual supongo le queda más que bien a la Italia de aquella época, donde Ginía y su amiga Amelia, compañera de correrías, se enamoran (o por lo menos la primera de ellas) de dos jóvenes pintores italianos, Guido y Rodrigues. El amor de Ginía por Guido surge espontáneamente, y se podría decir que al final se extingue casi que de la misma manera. Con todo, mientras dura, está correctamente manejado en el libro.

Me gustó mucho la inseguridad que en Ginía genera este fuerte sentimiento, que la hace vulnerable, no solo frente a Guido, sino también ante Rodrigues. Eso de no atreverse a tocar a la puerta, o a entrar al café, por no tener una mentira que contar que le permita decir que no está ahí para encontrarse con el ser amado, me pareció completamente comprensible y de acuerdo con el personaje. También están los diálogos entre los dos amantes donde queda claro que la enamorada es más bien ella, y que el otro esta tan solo siguiendo el juego, pero a la vez disfrutando y concediendo mucho en la experiencia. En mi opinión, la relación planteada en el libro muestra, tal vez, la forma como hombres y mujeres afrontamos y emprendemos nuestras relaciones sentimentales cuando jóvenes.

Ahora, el elemento culminante de esta inseguridad amorosa, y de toda la novela en general, es cuando ella al fin posa desnuda ante Guido. Si bien es posible explicar esta decisión como producto de los celos (por Amelia), mi interpretación es la siguiente, y tiene que ver con algo que me pareció muy cómico dentro de la novela, y es el momento cuando Ginía siente que ahora sí está en verdad enamorada, que tiene un esposo.

Cuando por primera vez hacen el amor Ginía y Guido ni siquiera pudieron verse desnudos, lo que hace que ella no sienta, es posible, mayor conciencia del compromiso. Luego, cuando por fin se reconocen y registran completamente sus cuerpos, nos dice Pavese: “Empezó ahora sí su verdadera vida de enamorada, porque ahora que ambos se habían visto desnudos, todo lo parecía distinto. Ahora sí que era como si estuviera casada y, aunque sola en su habitación, le bastaba recordar como la habían mirado aquellos ojos para no sentir soledad: ‘Eso quiere decir casarse’.”

Pues bien, esto de tomar conciencia de la relación luego de verse desnudos, me parece a mí que debe interpretarse como que Ginía lograr finalmente supera la vergüenza que sentía frente a Guido y que le impedía disfrutar de su amor de (y en) pareja.

Pero la cosa no concluye allí, le falta todavía superar la vergüenza en un nivel superior, frente a los demás. Por ello, creo, se decide a posar desnuda para un cuadro en presencia de su amiga Amelia, pero el experimento resulta mal, más que todo por la inesperada presencia de Rodrigues, y justo cuando más necesitaba el respaldo de Guido, para superar este escollo, este la deja ir con su lapidario: “Déjala, es una estúpida”. Ginía huye y nunca más vuelve a saber, me imagino, de su primer amor.

Por otra parte, la relación entre Amelia y Ginía está, durante toda la novela, rodeada de un ligero aire de lesbianismo, que incluso, podemos decir al final, es este el amor que sobrevive o transciende en la novela. Sin embargo, en mi opinión, la cosa no queda más que en una simple sugerencia, que como tal no se desarrolla completamente en la novela.

Por último, me sorprendió saber que Pavese se suicido. La candidez y ligereza del relato hacen que no parezca para nada salido de la pluma de un autor con algún desapego por la vida, o con la capacidad de cometer este acto.

Conclusión, El bello verano en un libro muy bonito, pero bastante sencillo, inocuo incluso.

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