Carmen, de Prospero Merimée

No tengo muy claro qué tipo de escritor es Merimée. Su corto relato Carmen, más que un cuento o una novela, parece un relato epistolar incluido a manera de chisme dentro de su correspondencia habitual destinada a temas más serios como el lingüístico. Así, por el inicio y el final de Carmen podríamos tener la impresión de estar frente a un pequeño ensayo sobre el Caló o Romanó. Por lo demás, tengo entendido que Merimée era un consumado políglota, por lo que su interés por la lengua gitana se entiende fácilmente.

Sin embargo, y sacando esas dos pequeñas secciones que me parecieron aburridas, la obra nos muestra un estilo narrativo conciso y fuerte, muy exitoso a la hora de transmitirnos la información pertinente y necesaria para comprender la historia de Don José, pero nada más. Inclusive creería que el relato es exageradamente corto, y aun cuando logra generar algún suspenso por la forma como se desarrolla la trama, pareciera que las palabras no fueran lo suficientemente bellas para trasmitir no ya información, sino ciertos sentimientos. En fin, que le falta más estética al estilo.

Por otra parte, decir que mi interés en la lectura de esta obra se centraba casi que exclusivamente en mirar su relación con la adaptación para opera de Halevy y Meilhac, para determinar que tanto se ajustaron a la obra original y que elementos novedosos introdujeron. La primera conclusión que salta a la vista es que el libreto es por mucho más bello que el texto de la obra original, aun cuando se sacrifica parte importante de la trama en aras de la lírica. Pero si además le agregamos la música de Bizet al libreto, tendríamos que llegar a la conclusión de que el texto escrito por Merimee sencillamente no es digno de semejante reconocimiento, y que si no fuese por este último, esta obra ya hubiese sido hace muchos años archivada en los anaqueles del justo olvido.

Pero bueno, decía que me interesaba mirar las semejanzas y diferencias existentes entre la novela y la ópera. De entrada la diferencia más chocante la encontramos en el personaje de Carmen. Mientras que en el texto original Carmen es una puta ladrona que seduce a hombres de bien para llevarlos a trampas que sus compañeros de fechoría colocan según sus indicaciones y robarles todas sus pertenencias e incluso la vida, en la ópera es la figura por antonomasia de la libertad del amor femenino víctima del machismo posesivo.

Otra diferencia es el personaje de Escamillo, el torero. En la novela, donde es un picador de nombre Lucas, es un personaje de poca relevancia que solo aparece al final donde tiene la mala fortuna de ser la pareja de Carmen en el momento que Don José la mata. Todo lo que sucede antes en la ópera no es con el torero, sino con un personaje muy importante y que en el libreto de la ópera no aparece, tal vez por motivos éticos, y es el esposo de Carmen, García, a quien mata Don José (con la anuencia de Carmen) en el famoso duelo a cuchillo que en la ópera se reduce a un simple ballet sin consecuencias.

Por último, personajes como Micaela o situaciones como la enfermedad de la madre de Don José, en la novela no suceden. La única referencia real a un pasado añorado es la solicitud de Don José a Merimee de que en su regreso a Francia pase por su pueblo natal y le diga a su madre que ha muerto, pero que no le diga cómo.

En conclusión, aun cuando el libreto de la ópera no tenga la crudeza del relato, me quedo con aquel.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s