Veinte años después, de Alejandro Dumas

He leído por segunda vez esta obra de Alejandro Dumas. Las razones que me motivaron a emprender nuevamente su lectura fueron dos, ambas relacionadas con Pérez-Reverte.

Por una parte, está la mala experiencia que tuve con su libro La reina del sur, que me dejó tan insatisfecho en la búsqueda de una lectura entretenida y ágil, que tuve que echar mano de obras conocidas para limpiarme el mal sabor de boca y congraciarme nuevamente con las novelas de aventuras.

Y por otra, está una cuestión de la que me enteré leyendo un tema en un foro, y es que, según, Pérez-Reverte le colocó a su perro el nombre del hijo de Milady, el cual es un personaje principal en Veinte años después, y como no me acordaba del nombre de este personaje me quedó claro para mí que era hora de echarle un segunda lectura.

Y la cosa ha sido de lo más afortunada. Veinte años después es por lejos mucho mejor que su predecesor. No solo es más extenso, sino que la trama es más interesante. Y es que ese cuentico de los erretes de la reina siempre me ha parecido indigno del mérito de los cuatro entrañables amigos, quienes arriesgan sus vidas simplemente para defender la reputación de una mujer imprudente de chismes completamente fundados. Dicho así, la trama de Los tres mosqueteros parece más bien el guión de una mala telenovela, propia de horario de bajo rating. Sin embargo, por la presentación misma de los personajes (la forma como D’artagnan conoce a los tres mosqueteros es extraordinaria), así como por la historia y la ejecución de Milady, la obra se sobrepone a esta falta de importancia del contenido y logra dejar un grato recuerdo en sus lectores.

Pero en Veinte años después las cosas desde el comienzo son harina de otro costal. Nada mas por saber que ha sido de D’artagnan, Athos, Porthos y Aramis en estos veinte años, bien vale la pena leer el libro. Es a todas luces una sorpresa la falta de fortuna que ha acompañado a D’artagnan, todo lo cual, sin embargo, le ha hecho aún más ambicioso. Así mismo, nos alegra escuchar que Athos ha dejado la bebida y que ahora toda su vida gira en torno de Raúl. Nos enteramos también que Porthos, a pesar de su riqueza, que ha logrado casándose con la ahora viuda del procurador, no se encuentra del todo satisfecho porque sus vecinos no lo tratan con la consideración que su vanidad exige, por no tener título de nobleza. Y por último de Aramis nos enteramos que, a pesar de haber entrado como era su deseo al servicio religioso, no ha abandonado para nada sus aficiones a los amores clandestinos ni al arte de la guerra.

Todo esto es información que el lector agradece y recibe con entusiasmo, ya que sirve para ir completando con gran precisión la imagen del carácter de cada uno de los cuatro amigos, lo cual es lo que nos permite a su vez hacerlos nuestros amigos y compenetrarnos completamente con la historia. Pero bueno, esto es cosa que todo dumasista sabe y entiende a la perfección.

Ahora, como decía, Veinte años después me ha gustado más que su predecesor sobre todo por dos razones:

La primera es el personaje de Mordaunt, el hijo de Milady, quien por fatalidades del destino se entera de lo ocurrido en Los tres mosqueteros, y emprende la venganza. Y es que entre Milady, Rochefort y Mordaunt, me quedo con este último, quien además tiene verdaderos motivos para ser malo, tanto así que incluso Athos comparte y entiende sus razones al punto de casi dejarse matar. Además, es un malo exitoso, o medio exitoso, ya que logra consumar por lo menos dos venganzas, cosa que no pasa en Los tres mosqueteros, donde todo les sale bien a los entrañables amigos.

La segunda razón es la trama en sí. Y no solo porque ahora se trate de salvar la vida de un rey en vez de la reputación de una reina, sino porque ahora los amigos están en bandos diferentes, por lo que se ven forzados a enfrentarse en diversa ocasiones y en cada una de ellas triunfa siempre la amistad. Esto, creo, es lo que hace este libro verdaderamente bello, por ser un verdadero elogio a la amistad.

Pues bien, tan buena ha sido la cosa que ya tengo ganas de leer nuevamente El vizconde de Bragelonne. Sin embargo, y por lo extenso de este libro, deberá esperar aún algún tiempo.

Por último, es interesante resaltar la semejanza que se encuentra entre Mordaunt y Benedetto, personaje este último de la novela La mano del muerto, que algunos dicen que no es de Dumas sino del escritor portugués Alfredo Hogan. Lo cual resulta creíble por lo mala que es. En fin, la cosa es que ambos personajes son hijos vengadores de las desgracias de sus padres. Si ambas obras son de Dumas, la cosa se entiende fácilmente. Si no lo son, es claro que el autor de esta última quedó gratamente impresionado del personaje de Mordaunt, por lo que quiso repetir la cosa.

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