La reina del sur, de Arturo Pérez-Reverte

Es difícil que un libro muy largo sea completamente malo. Siempre se encuentran en ellos cosas buenas o entretenidas que lo distraen a uno y le permiten continuar avanzando en su lectura. Este es el caso de La reina del sur de Pérez-Reverte. Un libro larguísimo, en su mayor parte bastante malo, pero que sin embargo es los suficientemente entretenido para permitir acabar su lectura.

Empezaré diciendo que de este autor me he leído los dos primeros libros de su serie del Capitán Alatriste, saliendo muy mal librado. Creo que la comparación que le hacen con Dumas es completamente injusta. No solo Pérez-Reverte escribe de forma mucho mas torpe, sino que sus historias son por lejos menos interesantes.

En fin, luego de concluir el libro Tratado de las pasiones del alma de António Lobo Antunes, quise empezar la lectura de un libro ágil, fácil de leer y entretenido. Por ello me decidí a darle otra oportunidad a Pérez-Reverte, pero ahora no en novela histórica, sino en simple ficción.

Ya desde las primeras páginas me di cuenta que el tan ansiado descanso que esperaba encontrar en este libro, no lo encontraría. Aunque la historia avanzaba de forma mas o menos interesante, el lenguaje utilizado por Pérez-Reverte me pareció, ahora inclusive mas que en sus novelas anteriores, verdaderamente empalagoso.

Cuatro cosas generaron en mi esa sensación al leer este libro, de estarme comiendo un biscocho embadurnado en arequipe. En primer lugar el uso exagerado de las onomatopeyas: que las metralletas hacían tacataca, que las balas hacían zang, que luego hacían chi-chi, y así y así…, algo verdaderamente insufrible.

En segundo lugar, y esto es mucho peor que lo anterior ya que constituye un verdadero fracaso de la novela, es el continuo desdoblamiento del personaje principal cada vez que se encontraba en un momento importante de la trama. Al final me sabia a cacho eso de que Teresa se veía a ella misma desde lejos y se sorprendía de lo que esa otra era capaz de hacer, toda vez que ella nunca hubiese sido capaz de ello. Es posible que este continuo desdoblamiento representase mas bien la evolución del personaje, desde aquella ingenua mujer de la media foto a la gran narcotraficante. Sin embargo, a la hora de la verdad, para lo que servía esta argucia literaria era para justificar que el personaje de Teresa hiciese cosas no acordes con su carácter. Pero bueno, sea lo que fuese, lo cierto es que ese continuo desdoblamiento me pareció una tontería.

En tercer lugar, y es algo que tampoco me gustó de sus libros de Alatriste que leí, esta la elección de los nombres. Si bien Teresa Mendoza Chávez es un buen nombre, no lo son tanto los otros nombres elegidos para sus personajes, que me parecieron ridículos. Esto es importante porque ayuda a dar credibilidad a la historia.

Y por último, esta el tema de la literatura dentro de la novela, sobre todo en la relación Teresa-Pati, donde juega un papel central el libro de Dumas, El conde de Montecristo. La forma como planteó Pérez-Reverte este asunto en su novela, me recordó un desafortunado refrito que la televisión colombiana hizo de este libro, con pésimas actuaciones y peor guión. Así, tratar de hacer cuadrar las cosas a la fuerza, identificando a Pati con el abate (por ejemplo), son cosas que sencillamente no funcionan.

Pues bien, creo que es esta la última oportunidad (¡y qué oportunidad!, un libro de mas de 600 paginas) que le he dado a este autor. Para libros entretenidos y fáciles de leer me quedaré con Alejandro Dumas, de quien ya he empezado a releer Veinte años después.

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