El castillo blanco, de Orhan Pamuk

Una cosa me ha gustado mucho de este libro, el que haya sido encontrado y prologado por un personaje de una obra anterior de Pamuk. Este pequeño detalle, en mi opinión, coloca a este libro en un nivel superior. Según Pamuk, esta “argucia” literaria, le permite desarrollar en sus novelas temas históricos sin la necesidad de contextualizar suficientemente al lector. Puede que ello sea cierto, sin embargo, en mi opinión lo que esto demuestra es que Pamuk es de esos escritores que convive diariamente con sus personajes, aun fuera de las obras que escribe. Esto, creo yo, no es algo que se vea todos los días, esa forma tan plena de vivir la literatura.

Pero bueno, ademas de este pequeño gran detalle, la historia de libro es también muy buena. Mas allá de algunos pequeños inconvenientes estilísticos, achacables a la traducción, la historia se narra de una forma muy fluida. Sorprende también enterarse que cuando Pamuk se propuso escribir esta historia, la semejanza entre el Maestro y el Esclavo no era un elemento de la historia, sino que a medida que la escribía, iba ganando importancia. Indudablemente, en el relato resultante, la semejanza física entre los dos personajes es el elemento central, el meollo de la novela. Tanto así, que en mi opinión, todo lo demás resulta accesorio.

En últimas, creo que El castillo blanco es de aquellos libros que piden a gritos ser interpretados, y que pueden serlo de muchas maneras. En este sentido, son muchas las cosas que llaman mi atención, mas allá del parecido físico. Está por ejemplo el título de la obra, El castillo blanco, el cual resulta ser un fuerte de occidente que fracasan en conquistar las fuerzas de oriente. Está también en tema del auto conocimiento a partir de los pecados, en particular la mala costumbre del maestro de torturar a la gente con el propósito de que estos le cuenten sus pecados, así como la tesis, falsa según los experimentos, de que la gran diferencia entre occidente y oriente está en la desfachatez con que los primeros cuentan sus pecados.

En mi opinión, este tipo de elementos apuntan a la convulsa relación que existe entra las culturas oriental y occidental. Si bien Pamuk, así como Faruk, sostienen que este no era el objetivo principal de la historia, creo que ello es inevitable.

Pues bien, El castillo blanco es de esos libro que piden ser discutidos en grupos y clubes de lectura, y no propiamente por ser complejos, sino porque dan cabida a múltiples interpretaciones, debido al gran simbolismo que manejan.

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